Psicología General

Según el Diccionario de la Real Academia Española, tragedia es una “obra dramática cuya acción presenta conflictos de apariencia fatal que mueven a compasión y espanto, con el fin de purificar estas pasiones en el espectador y llevarle a considerar el enigma del destino humano, y en la cual la pugna entre libertad y necesidad termina generalmente en un desenlace funesto”.

Muchas veces nos vemos encallados entre el deseo de que las cosas cambien automáticamente y nuestra incapacidad para que nosotros produzcamos un cambio, como tratando de convencernos a nosotros mismos de que algo que nos supone malestar emocional, racionalmente nos va a hacer bien.

Recuerdo que hace algún tiempo, fui con mis padres a la residencia en la que estaba mi abuela. Ese día, por casualidad, conocimos a un matrimonio muy mayor (ella tenía 91 y él 93). El hombre estaba, aparentemente, bastante en forma a pesar de la avanzada edad, ella en cambio, tenía serias dificultades para caminar y necesitaba utilizar una silla de ruedas para desplazarse.

La fragmentación social actual de los lazos sociales fomenta un sentimiento de soledad que limita nuestras vidas, no estamos solos, sino que nos sentimos solos.

La estabilidad, esa en la que invertimos tantos minutos de nuestro tiempo anhelando y suspirando… no es más que una construcción social, una invención tentadora con la que nos dejamos seducir cada vez que damos rienda suelta a la imaginación.

Esta actividad mental se convierte en una rutina peligrosa, al fin y al cabo, se trata de una “invención” y no existe sino en nuestro imaginario (individual y colectivo) ¿Somos conscientes entonces del riesgo al cual sometemos nuestra integridad emocional una vez que hacemos depender nuestra felicidad de un estado aparentemente inalcanzable?

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