Entre 160.000 y 170.000 adolescentes de 14 a 18 años han consumido cocaína en los últimos 12 meses, según ha informado la ministra de Sanidad, Elena Salgado, para quien la situación de progresivo aumento del consumo de drogas es "alarmante". En el caso de la cocaína, el porcentaje de estudiantes que habían consumido cocaína en los últimos 12 meses se ha multiplicado por cuatro entre 1994 y 2004, al pasar del 1,8% al 7,2%. La progresión en España, país lider en consumo de cocaína, ha disparado todas las alarmas. El control social que supone para el sistema la existencia de tantos jóvenes consumidores, resulta evidente. ¿O es que en este tema no hay más culpables que la divina providencia? |
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El alcohol es la sustancia adictiva más extendida del mundo. Aunque el porcentaje de consumidores que pasan de un consumo “controlado” a un consumo con características de dependencia es menor que en otras sustancias, la realidad es que al tratarse de una sustancia de uso muy frecuente hay muchísimos afectados por el alcoholismo. Además es frecuente la “comorbilidad, es decir, el uso de alochol asociado a otras drogas como cannabis o cocaína. Usar simultáneamente varias sustancias aumenta por una parte su potencial adictivo y además también aumenta la probabilidad de que otras sustancias produzcan complicaciones como arritmias y problemas vasculares graves. |
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Definitivamente, el botellón se ha instalado entre nuestros jóvenes. Aumentan los jóvenes que se apuntan a este fenómeno social en el que el consumo de bebidas alcohólicas y otras drogas, tiene un papel protagonista. El dato concreto es que en los últimos seis años, se duplica el número de jóvenes que hacen botellón los fines de semana, como refleja el estudio “Los adolescentes ante el alcohol. La mirada de los padres y madres”, perteneciente a la ‘Colección de Estudios Sociales’ de la Fundación La Caixa. |
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Resumen
En nuestro trabajo centraremos nuestra atención en el consumismo, fuente fundamental de desarrollo de los sistemas capitalistas a través de un fenómeno que repercute de forma directa sobre las bases de las sociedades establecidas.
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Un código de barras tatuado en la muñeca, ¿es algo apetecible? Para saberlo, pensemos que tras la larga temporada de fiestas y los primeros días de rebajas, resulta conveniente hacer un poco de examen de conciencia y ver hasta qué punto compramos de un modo razonable o nos dejamos llevar por la compulsión del momento. La verdad es que, como todo lo vamos asimilando, muchas personas se declaran abiertamente “compradoras compulsivas”, refiriéndose generalmente a una faceta puntual de su vida en la que se encuentran especialmente interesadas. Igualmente se las describe así, si son famosas o populares, en artículos de prensa o en los comentarios con las que las definen sus amistades. Y ello no necesariamente con una connotación negativa, ni siquiera crítica. De hecho, este término se empieza a utilizar ya incluso en el propio lenguaje publicitario. Es ya habitual ver en Internet frases comerciales del estilo siguiente: “si eres comprador compulsivo de tal cosa, te interesará esto que te vendo...”. Pero tras este término, se encuentra a veces un grave problema. |
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Más adictiva que otras drogas
Muy relacionada químicamente con la anfetamina, se elabora en laboratorios ilegales, tiene un alto potencial para el abuso y la adicción y, según una encuesta reciente entre policías de Estados Unidos, es la peor amenaza y sigue creciendo.
Chalk, Crank, Croak, Crypto, Crystal, Fire, Glass, Meth, Tweek , White Cross. Anfetas, Meta, Tiza, Speed. Hielo, Cristal, Vidrio, Ice, Tina. Todos, son los nombres con los que se conoce a las metanfetaminas, una droga estimulante altamente adictiva que puede causar problemas físicos, neurológicos, cardiovasculares e, incluso, la muerte. "En los últimos años definitivamente hemos visto un incremento en el número de adictos a las metanfetaminas, aunque parece que esto ha sido medido sólo recientemente", confirma Lucke Catton, supervisor de Narconon Arrowhead, uno de los programas residenciales de rehabilitación más grandes del país. |
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Este mal afecta en su mayor parte a profesionales con altos puestos de entre 35 y 40 años. Utilizan el empleo en forma compulsiva para evitar problemas afectivos en la familia o en la pareja. Los “adictos al trabajo” o workaholics –término que nace en Estados Unidos a partir de su asociación con el término alcoholic- son personas que utilizan su empleo como una manera de escapar de lo temido y transformar su casa en otra oficina.
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Trabajar sin freno no puede ser buenoEs el signo de los tiempos. La adicción al trabajo es una enfermedad potencialmente peligrosa, como cualquier adicción. No se trata de pasar mucho tiempo en el trabajo (cosa que a todo el mundo le pasa con más o menos frecuencia), sino de que el trabajo se convierta en una vía de escape. Como explica Bryan E. Robinson en su libro "Chained to the Desk: A Guidebook for Workaholics, Their Partners and Children, and the Clinicians Who Treat Them", a un adicto al trabajo el proceso mismo de trabajar le satisface una necesidad íntima de caracter psicológico. Es, por lo tanto, un síntoma de algo más profundo.
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