Viernes, 30 Julio 2010
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Narrativa y Lenguaje Corporal. Una Dialéctica de la Psicoterapia Reichiana - Por Helder Vera PDF Imprimir E-mail
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Desde principios del XIX, algunos psicoanalistas distaron de la práctica psicoanalítica freudiana, al dar importancia a las reacciones del cuerpo, tal fue el caso de Ferenczi (1873–1933) quien creo la psicoterapia activa, paralelamente Wilhelm Reich (1897-1957) fue más allá, al fundamentar sus investigaciones por medio del análisis del panzer (coraza, armadura, blindaje) caracterial y corporal, mismo trabajo que ha seguido evolucionando por si mismo con diversos grupos y autores postreichianos, siguiendo ciertas directrices de la psicoterapia contemporánea.
 
Ya en este siglo XXI dentro del arte de la psicoterapia, el enfoque reichiano retoma la importancia de los procesos de comunicación, tanto verbales como los que emite el cuerpo del sujeto, ello va creando dentro de un marco terapéutico, el rapport o empatía, que es la relación terapéutica inicial dentro de un marco clínico.

Una vez establecido ese rapport bioenergético de presencia atenta, ética y sin prejuicios se va dando importancia a la narrativa que se desarrolla durante la conversación de la sesión de psicoterapia reichiana, que no es una psicoterapia estrictamente directiva ya que rechaza imponer una actitud por parte del terapeuta  de conocedor y todopoderoso, cierto es que se mantiene un acercamiento, pero nunca relajado, diferenciándolo siempre de las charlas de café. Por ello es sumamente importante enfatizar que, se trata de un proceso analítico del lenguaje verbal, así como del lenguaje corporal.

En el proceso psicoterapéutico se mantiene una postura flexible, abierta, en donde la persona que busca el medio para salir de su propia problemática, de su encaracolamiento o laberinto particular, sea quien poco a poco vaya tomando las riendas de su vida, tratando de tener un acercamiento a la autorregulación, al autogobierno de su propio carácter, tomando consciencia de la “imagen inconsciente del cuerpo” como lo expone la psicoanalista Françoise Dolto (1908-1988), y con ello reactivar la capacidad natural de reconocer sus propios límites, hasta dónde quiere y puede llegar, logrando de esa forma una resonancia favorable en su vida cotidiana.

La psicoterapia reichiana es un trabajo clínico que ha sido una reacción a las posturas rígidas y ortodoxas, que se centran en que el sujeto se dedique a hablar y el terapeuta tome el papel de único conocedor de cómo debe resolverse la situación del paciente. Muchas veces en instancias publicas no hay más remedio por cuestión de tiempo y cupo de pacientes, para ello existe esta alternativa, ya que es común que la persona acuda a psicoterapia, sin tener claro, de dónde viene su problemática, su confusión, sus ideas contradictorias y la nubosidad de la construcción de su propia realidad, incluso no llegan sin saber qué es la psicoterapia, sin embargo algo tiene claro: necesita ayuda, y el primer paso es buscarla y ponerse en manos de un profesional.

Es importante iniciar un tratamiento con la narrativa do donde se pueden encontrar ciertas claves primordiales, mismas que serán utilizadas para concientizar al sujeto de su relevancia en torno a los lapsus, la tonalidad y significados del lenguaje verbal, para que se escuche a sí mismo y muchas veces se llegue a sorprender de sentimientos y emociones que nunca había expresado. Muchas veces la persona expresa algo y el cuerpo otra, es por esas reacciones dicotómicas que en el enfoque reichiano nos basamos en el cómo se expresa el cuerpo y cuáles son las reacciones del mismo a través del discurso corporal y el para qué del discurso verbal.

Dentro del marco de la narrativa es de vital importancia tener un conocimiento básico sobre las diferentes culturas y lugares de procedencia del paciente es algo adecuado, para reconocer su sistema de creencias, ya que cada  sistema sociocultural es generador de un lenguaje y significado, ambos producto de un discurso que se organiza alrededor de una relevancia sintomática manifiesta llamada vulgarmente “problema”. Ofreciendo así un mejor servicio centrado en soluciones concretas, prácticas, aplicables y viables que tengan un efecto positivo en la vida cotidiana.

Los sistemas de creencias son las manifestaciones simbólicas de cada cultura, mismas que se inscriben innegablemente en la historia y costumbres de cada persona dentro y fuera de su contexto socio-cultural, que afecta su percepción de la realidad y que influye mucho sobre las expresiones del lenguaje corporal que tiene la función de tratar de darle sentido y significado a lo que parece “sin sentido”. Hablar de estos proceso aparentemente insignificantes, puede ayudar a adentrase al laberinto del paciente para lograr el verstehen (compresión, entendimiento) o ponerse en los zapatos del otro y agregaría yo: sabérselos quitar.

Se trata de un tipo de proceso psicoterapéutico centrado en recuperar las funciones básicas afectivas, de contacto bioenergético con todas las manifestaciones de vida, en una dialéctica compartida, que lleva a abrir el campo de percepción, de saber estar, que involucra un tacto de voz y un contacto con el cuerpo. Se genera un enfrentamiento con todo aquello negado, rechazado y soterrado por diversos sistemas (familiar, escolar, laboral, círculo de amigos, etc.) que han llevado a un impedimento del desarrollo natural del propio ser. Todo ello dentro las sesiones del mismo proceso terapéutico. Con ello se busca sanar aquellos patrones que se han trasmitido o heredado, como los miedos de los padres, o figuras de autoridad, con la finalidad de que por sí mismo se de cuenta dónde y cómo colocar las emociones y pensamientos disfuncionales fuera de sí y a través del movimiento expresivo profundo (a nivel neurovegetativo). Sólo entonces se logrará la transformación, que no es la cura, sino que estamos hablando de un cambio de percepción de la realidad.

Se toma una postura colaborativa que permite que el paciente se libere de forma sistemática a nivel somático, psíquico y energético, pero sobre todo, que con sus propios recursos vaya comprendiendo y asimilando sobre su sintomatología y cadenas que le atan, mismas que han irrumpido en el fluido natural en la vida, creando el desierto emocional incluso en su memoria celular.

La propuesta de la integración de la comprensión y la asimilación, son una fuente hábil dentro de la narrativa terapéutica, factor esencial para el entendimiento, comprensión e intención del darse cuenta que lleva a un despertar de la consciencia de los puntos negros de la búsqueda de tener una visión clara de lo que hace falta y lo que sobra en la vida de cada persona. De esta manera no se discriminan posibilidades de que en algún momento surjan ideas que puedan parecer absurdas y que aparentemente no tengan caso de ser expuestas, sin embargo al utilizar un lenguaje de común vinculación en el proceso terapéutico, se pueden entender la función de aquellos pensamientos aparentemente absurdos y con ello se pueden encontrar con que nunca se habían atrevido a enfadarse, a decir no, acostumbrados a vivir detrás de la máscara de la tristeza, y del disfraz de la compasión y la depresión.

Como podemos ver, en la psicoterapia reichiana se aprende, se entiende y se conversa con el lenguaje del paciente, ofreciendo la contención necesaria con una calidad de presencia tanto energética como emocional, de una manera que refleje una postura abierta y permite al paciente reubicar las conductas y reacciones de su propia historia y geografía personal, esa historia que ha construido en el pasado y se sigue formando y transformando en el presente, que va reestructurando sus percepciones, lo que permite al sujeto que se ponga en el centro del escenario de su vida para que pueda reorganizar esa historia rota, atorada, lastimada, fragmentada, no se pretende “el olvido” bajo ninguna circunstancia, pero sí al menos a dar un nuevo sentido a ese espacio que ya pasó donde se da cuenta que el tiempo vive en la memoria.

A pesar del desarrollo de autopercepción en la historia personal, en la geografía física, el cuerpo recibe la repercusión del deterioro mental, llevándolo también a la disfunción somática o biopática como llamaba Reich a las enfermedades. En la co-escucha de la narrativa como de los mensajes que emite el cuerpo se deben ver y escuchar con atención y actitud respetuosa cada movimiento que por muy sutil que sea está dando información. Bajo ninguna circunstancia recibirá señalamientos inquisitorios ni etiquetas. No se debe preocupar por su diagnóstico, ya que sirve de mucho al terapeuta para dar un eje al tratamiento,  ya que el conocimiento de ese diagnóstico inicial, diferencial o multiaxial puede influir de manera contraproducente sobre la salud mental y física de cualquier persona (salvo casos específicos).

Cada paciente cuenta con una gama de mecanismos defensivos que tienen una función y a través del análisis de esos mismos se pueden utilizar como objeto de apoyo para salir de la propia trampa. Será un vehículo para depurar lo que a la persona ya no le sirve, pues aquello es algo que le está haciendo daño o ha lastimado durante mucho tiempo. Se busca dar mantenimiento y desfragmentación, es decir, ayudarle a deshacerse de todo aquello que ya no le sea funcional. Ofreciendo un nuevo significado a su vida cotidiana, ¿cómo? construyendo y reconstruyendo la realidad actual en el aquí el ahora, sin escindir las experiencias del pasado, sino aprender a utilizarlas como aliadas.

Finalmente dejo al lector tres puntos cruciales en esta dialéctica reichiana a la que nos referimos, esperando le pueda ayudar a tener una mejor comprensión de lo práctico que es este apoyo psicoterapéutico:


  • Cada sujeto es autor de su propia historia. En la narrativa, cada persona tiene su forma de expresar las cosas. Es el autor de los ritmos, tiempos y pausas que tiene para desahogar lo que quiere tratar o lo que espontáneamente surge. Su historia puede ser novelada, de guión, de poesía, de historieta, de cómics, etc. Se construye y reconstruye una y otra vez con los datos que trasmite a los demás. El psicoterapeuta puede ser el corrector de estilo para darle forma a la historia que el autor quiera corregir, para mejorar la calidad de su historia que tiene un continuum indefinido.

  • Se trabaja en el tiempo y espacio del paciente. Aquella persona que va en busca de ayuda de un psicoterapeuta, profesional del cuerpo y la mente, tiene tener claro que tendrá: atención, contención, arraigo en donde las emociones que surjan a flor de piel, por el movimiento corporal expresivo, serán canalizadas y dirigidas hacia en forma de contracción y expansión, por ello en el espacio terapéutico es atemporal, aunque sea en un breve tiempo semanal, cada persona requiere de un tiempo mínimo necesario dependiendo de su estructura caracterial y la complejidad de los bloqueos emocionales, de esta forma el paciente aprende a respetar su tiempo que el psicoterapeuta le ofrece en el espacio terapéutico.

  • Desarrollo de crecimiento personal. Una vez que la elaboración de la historia personal se ha abierto a las nuevas autopercepciones, ha asimilado el autoconocimiento de su función en esta vida y el tiempo y el espacio está cada uno en su sitio, entonces viene el cierre armonioso, para enfrentar la vida cotidiana con los arreglos y mejoras para consigo mismo y el entorno familiar, de pareja, de estabilidad emocional, de autorregulación y con plena sensación de libertad para fluir con la vida en el nuevo crecimiento personal.


Sevilla, 2009

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Autor: Helder Vera. Psicólogo reichiano y psicosomático
 

 

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