Jueves, 09 Febrero 2012
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El suicidio juvenil ¿Una sociedad en crisis? PDF Imprimir E-mail
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Una fría y oscura noche de invierno Thomas, de 18 años, deja una bolsa de plástico con sus enseres en la escalera de un periódico. Después va a una cabina de teléfono y llama al periódico solicitando que lleven esa bolsa a la oficina de la periodista encargada de la li­nea telefónica de comunicación con los lectores que el periódico abrió en los años 80, y pregunta a qué hora llegaban a ésta a la oficina al dí­a siguiente.
Ése dí­a precisamente la periodista llegó unas horas más tarde porque tenía una reunión. Cuando llegó se encontró sobre su mesa de trabajo una bolsa de plástico llena de cartas listas para ser enviadas, la tarjeta de identificación, un carnet de conducir nuevo, otros documentos y una hoja de papel que testificaba su voluntad de suicidio.

Thomas fue salvado. Se habí­a acostado para morir en su antigua habitación en la casa de sus padres, justo al lado de la sala, porque asi ellos le querrían en realidad, lo encontrarían, pero los padres no sabían que Thomas estaba allí, ni que su hijo estaba tan mal. Lo que no es de extrañar porque, como un padre escribió una vez, tenemos muchos problemas; lo único que queremos saber de nuestro hijo es que está bien y que todo está en orden, no queremos conocer sus problemas.

Si la periodista hubiese llegado una o dos horas más tarde, Thomas habría muerto, lo que no era en realidad su intención, porque él creí­a que si los padres no lo encontraban lo harí­a el periódico, y así lo habí­a dispuesto.

Lo que está claro es que existe una gran necesidad de ser escuchado. Por eso se utiliza la lí­nea del periódico mencionado (Livs Linien, la lí­nea de la vida) que funciona especialmente para aquellos que abrigan la idea del suicidio en sus pensamientos, o aquellos que están en relación con los que lo han intentado o lo han llevado a cabo. En Dinamarca, desde donde yo escribo, hay también otras líneas telefónicas de contacto: Dognkontakt (Contacto diario), proyecto Lyspuntkt (Punto de Luz), Ung pa Linie (Jóvenes en la Lí­nea) o Borntelefonen (El teléfono de los niños). Lo importante es ser escuchado, tener el contacto con una voz que escucha, aunque como en el caso de la Línea del periódico mencionado, sea una cinta. Escuchar es más importante incluso que dar un buen consejo. Para quienes llaman lo importante es saber que no se es anormal a pesar de no saber qué hacer en la vida o no tener un 100 % de control de la misma.

¿DÓNDE ESTAMOS? ¿QUIÉNES SOMOS?

La labor es hacer comprender a los niños y a los jóvenes que utilizan estas lí­neas o las secciones de consulta de los periódicos que la vida tiene un valor para ser vivida y que hay un sentido por el que estamos aquí­. Que no son los únicos en esa situación. Que hay peri­odos oscuros y eso está implícito en la misma vida, y que es quizá lo que finalmente le da sentido: atreverse a ver los aspectos oscuros y trabajar para salir de ellos. Porque ¿qué es lo que los jóvenes se encuentran en el mundo que descubren?

Uno de cada 10 niños entre 9 y 11 años sufre de depresión. (1) El porcentaje de paro entre los jóvenes es más alto que en otras edades. El 25 % de los niños de preescolar y de la primera clase sufren trastornos psicosomáticos como dolor de cabeza, de estómago, problemas de crecimiento o de conducta. La mitad de los alumnos de la novena clase tienen problemas desconocidos, cansancio o alergia. La ambición crea stress en las escuelas. Muchos jóvenes intentan el suicidio diariamente en nuestro paí­s. Una de cada cuatro causas de muerte es el suicidio. Mueren dos veces y media más jóvenes por suicidio que por accidente de tráfico. Y todos los accidentes y catástrofes que ocurren en el gran mundo se muestran gratuitamente en la pantalla de televisión: accidentes, muertes, miseria, niños hambrientos, guerras, asesinatos, selvas que han de salvarse, bombas que explotan, contaminación, sufrimientos y catástrofes en una espiral casi interminable.

Por eso es importante que niños y jóvenes puedan comprender que se puede hacer algo y no simplemente sentarse sin fuerzas a contemplar un mundo incomprensible. Que se puede participar activamente. Que hay asociaciones, clubes, grupos nacionales e internacionales en los que aunar esfuerzos activos para cambiar y construir un mundo mejor en el que vivir. Y que si esto no es suficiente, están las lí­neas de contacto, que siempre hay un ser humano a quien podemos extender nuestra mano o enviar nuestras señales.

Y por eso es también importante para todos no olvidarnos de la alegrí­a de vivir. Dar lugar al entusiasmo vital en nuestra comunicación, no como huida de los problemas sino ocupando el lugar que tiene en nuestra vida. Un periodista danés, Bjarne Reuter, dijo una vez: Hoy una clase de preescolar no puede visitar un hermoso lago sin que los niños tengan presente la consabida información sobre algas, contaminación y peces muertos. No tienen la posibilidad de experimentar la alegrí­a de las pequeñas cosas. Sin embargo, la condición para poder realizar el esfuerzo de cambiar una situación negativa es justamente la alegrí­a de experimentar plenamente la vida.

La alegrí­a de vivir se puede considerar una experiencia básica en la búsqueda del sentido de la vida. La angustia existencial es su contraparte.

¿QUÉ LE DA VALOR A NUESTRA VIDA?

Las respuestas son lógicamente muy variadas, pero podrán sintetizarse en:

- Ser amado al menos por una persona y amar al menos a una persona.

- Tener responsabilidades con respecto a otras personas.

- Compartir intereses y valores con otras personas en asociaciones comunes.

- Tener profundas experiencias en la Naturaleza.

- Experimentar el nacimiento y el crecimiento de sus propios niños o de otros.

- Llevar a cabo tareas difíciles e importantes.

- Mantener el sustento espiritual de la experiencia religiosa de propia elección, teniendo el valor de enfrentarse a temas o aspectos desconocidos de la vida.

Aquello que significa algo en la vida para la mayoría de los seres humanos se resume en solidaridad y autotrascendencia. Solidaridad con todas aquellas personas con quien tengamos relación y autotrascendencia como capacidad de superarnos a nosotros mismos en la búsqueda de sentido en nuestra vida y desplegarnos en una actividad creadora que no nos tenga únicamente a nosotros como objetivo, sino que incluya un sentido más amplio.

Su contraparte es la angustia existencial, vací­o o sin sentido que incluye el miedo a la muerte y el sentimiento de culpa o de pérdida. La mayorí­a de los estudiantes de bachillerato suecos y daneses están marcados por la frustración existencial y el tedio. Los psicólogos afirman que en sus consultas se quejan fundamentalmente de falta de sentido en la vida. Un sentimiento de un vacío interior total.

Nietzsche escribió una vez: quien sabe por qué vive, puede casi tolerar cualquier cosa. Tener algo por lo que vivir, algo que le trascienda a uno mismo, que le otorgue una función en la sociedad y en la vida es lo que le da sentido a esta última.

Cuando la mayorí­a de los seres humanos en nuestra sociedad occidental crecí­a y se hací­a partícipe de un mayor o menor juego común de valores e intereses, aparentemente esta falta de sentido de la vida era menor. Los niños tení­an una posición que los hací­a necesarios en la supervivencia de la familia. La contrapartida era posiblemente una existencia dura o difí­cil, pero habí­a un sentimiento de significación e importancia. Hoy un niño también tiene que sacrificar sus horas de ocio repartiendo periódicos, haciendo recados o trabajos menores para tener dinero extra para sus aficiones. También es duro y difí­cil, pero la diferencia es que el niño no tiene ya una función imprescindible. Ya no es lo que es, sino que tiene que justificar el sentido de su existencia.
 
EL SUICIDIO ES UN ABSURDO QUE SE CONTAGIA

Cuando un ser humano se quita la vida, no es tanto porque desee la muerte por la muerte en sí­. La razón es que por una u otra causa no quiere o no puede soportar vivir más. Lo que se desea es una interrupción de la conciencia.

Se ha desarrollado en nuestros dí­as una muy fuerte tendencia hacia el individualismo, pero no entendiendo el concepto individuo en el sentido platónico de la palabra, como un ser con completa conciencia de sí­ mismo y por lo tanto de su entorno, y por ello indiviso, sino como el yo personal o pequeño yo. Este proceso ha inclinado la balanza del común nosotros al individual yo. Vivimos una sociedad del yo. Y esto influye en el proceso de creación de la identidad en los jóvenes. Ya que la identidad es algo que se crea en interacción y en relación con otros seres humanos, en nuestra sociedad dichos intentos de construir una identidad propia se dan en relación con las cosas (bienes de consumo) o con imágenes de falsos í­dolos (del pop o del rock).

Según esta sociedad del yo, se percibe al ser humano ideal como un individuo autónomo (independiente), que tiene una total libertad a la hora de determinar su propia vida. Para los jóvenes que no han tenido marcos fijos de valores en su existencia, y que por lo tanto se sienten inseguros y angustiados, y aún no han podido desarrollar una identidad sólida, ya que no tienen ningún punto de referencia al que vincular su derecho de autodeterminación, puede ser una presión insoportable vivir conforme a este ideal. Así­, el suicidio puede aparecer como una alternativa de liberación, ya que, como una extensión de esta autodeterminación, se incluye el derecho privilegiado a morir cuando así­ se desea.

Los análisis demuestran que la conducta suicida se contagia. Se ha demostrado que muchos individuos que, con más o menos afortunados, intentan el suicidio, han experimentado una conducta semejante en la familia o en el cí­rculo de sus relaciones. Hablamos de una transmisión suicida como forma de aprendizaje de conducta: los niños y los jóvenes aprenden a utilizar la conducta suicida como falso medio de solucionar los problemas, como un idioma especial en situaciones donde se está frente a problemas o conflictos con el entorno.

Gert Jessen, del Centro de Investigaciones del Suicidio, afirma: Es un cortocircuito mental decir que es una libre elección si uno quiere vivir o no. Un ser humano que se siente tan mal no tiene ninguna posibilidad de tomar una libre determinación. No una determinación racional, al menos. Son seres humanos que frecuentemente se sienten tan míseros que se imaginan que el mundo será mucho mejor si ellos no estuviesen en aquí. Si se considera el suicidio como un derecho fundamental, lo que se hace es empujar al prójimo y desentenderse de cualquier responsabilidad: no me afecta, no me compliques con tus problemas. Estás en tu derecho a valorar si quieres vivir o morir. ¡Qué tontería! Eso es cí­nico y sin sentimiento, y nos hace pensar que vivimos en una sociedad sin sentido. Los que han intentado el suicidio refieren frecuentemente haber sido frí­amente tratados, y no haber encontrado la solicitud que necesitaban.

Edwin Shneidman aporta diez puntualizaciones para una conducta suicida:

1. La intención más común es encontrar una solución

2. El objetivo más común es una pausa y un cambio

3. El estí­mulo más común es un padecimiento psí­quico

4. El estresante más común es tener muchas necesidades insatisfechas

5. Los sentimientos más comunes son desesperanza, desamparo, pérdida y rechazo

6. El elemento cognitivo más común es la ambivalencia

7. El elemento perceptivo más común es la estrechez

8. La acción más común es la huida

9. La acción comunicativa más común es la intención

10. El marco de comprensión más común es el dominio

Diez elementos de reflexión para la búsqueda de una respuesta. ¿Por qué?
 
FUENTES Y RESERVAS DE LA ALEGRÍA DE VIVIR

El Budismo considera que morir es un privilegio reservado a los que alcanzan la calidad de Buda. Suicidarse no es desaparecer definitivamente sino cambiar de estado. La rueda de la vida no se interrumpe. Por eso el suicidio era considerado como una acción inapropiada si era hecha con el fin de huir de los problemas de la vida.

En una charla sobre la juventud el filósofo y escritor Jorge A. Livraga afirma que se deja de ser joven cuando nos empieza a dar miedo la vida, cuando perdemos ilusión en nosotros mismos. La alegrí­a de vivir está en relación con la práctica de esas cualidades que anidan en nuestro corazón sin tiempo.

Para el Prof. Livraga, hay que enseñar de nuevo a los hombres que lo que existe no es sólo la basura. Que existen lugares donde hay luz, donde crecen las mieses que hacen el pan, donde crecen las vides que hacen el vino.

Si la angustia existencial es la causa de la curva ascendente del suicidio, el verdadero entusiasmo y la alegría de vivir pueden y deben dibujar una curva descendente y finalmente inexistente, ya que el hombre habrá encontrado en su propio corazón su lugar, su significado, su razón de ser y de existir, y afortunadamente, esto también se contagia.

(1) Datos extraí­dos del paí­s desde donde escribe la autora, Dinamarca. En la mayorí­a de los casos son aplicables a casi cualquier lugar de Europa, hechas las salvedades y matizaciones que siempre son de rigor. (N.R.)

Bibliografía

Synspunkter pa selvmord – en debatbog. Redigeret alf Henrik Schiodt. Center for Selvmordforskning, 1998 (Puntos de vista sobre el suicidio – un libro debate).

Samtalen kan redde unges liv. Ida Koch. Ungdomradgivning, Frederiksberg. (La conversación puede salvar la vida de los jóvenes).

Sevmordstanker og selvmordsforsog, blandt 15-24 arige i det danske uddannelsessystem. Gert Jessen, Karin Anersen y Unni bille-Brahe. (Pensamiento de suicidarse e intento de suicidio entre los jóvenes de 15-24 años).

Nar livet bliver en byrde –Selvmordsforstaelser og problemer ved forebygging. Yngve Hammerlin og Georg Schjelderup. Ad Notam Gyldendal (Cuando la vida se convierte en obligación –comprensión del suicidio y problemas para su prevención).

Artículos y estadísticas facilitados por Center for Selvmordsforskning (Centro de Investigación sobre el suicidio) y Livslinien (La Línea de la Vida).
 
 

 
Autor: Estela Tejeda
 
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