Jueves, 09 Febrero 2012
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Atracción Sexual en Homosexuales PDF Imprimir E-mail
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1) Introducción:

La homosexualidad es una condición tan frecuente y constante en la historia humana, que muchas veces cuesta creer cómo es posible que no haya sido abiertamente admitida, ni si siquiera hoy día, como un hecho tan natural como la heterosexualidad misma. Sin embargo, durante el transcurso de la historia no siempre fue todo tan negativo, basta estudiar el comportamiento sexual de los griegos para darse cuenta de que la homosexualidad era aceptada e incluso vista de buena manera.

No obstante, a pesar de que la homosexualidad haya sido y sea foco de diversas opiniones negativas o positivas, es curioso ver cómo se ha venido desarrollando el estudio de la misma, ya sea desde la psicología, desde la antropología, desde la sexología, etcétera y cómo muchos temas han quedado fuera de diversas investigaciones. Si bien, no se niega el trabajo de numerosos científicos, sí se hace hincapié en la falta de estudio al respecto, es por ello que con este escrito se invita a seguir investigando al respecto, tomando en cuenta diversas variables y diversos grupos humanos ya sea diversos en cuanto a edad, en cuanto a etnicidad, etcétera.
Otro punto importante de considerar es que la homosexualidad hasta 1973 fue considerada como una enfermedad o trastorno mental por la asociación americana de psiquiatría e incluso estaba inserta como tal en su manual diagnóstico, sin embargo, hoy en día si bien la homosexualidad no es aceptada abiertamente en muchas partes del mundo, incluso por algunos psiquiatras quienes votaron en contra para eliminar la homosexualidad del DSM-III[1], al menos en términos generales dicha orientación sexual es considerada normal en términos psicopatológicos o bien como una elección alternativa de un objeto sexual distinto y que a diferencia de la orientación sexual heterosexual, es un otro del mismo sexo.

De esta manera, todos aquellos estudios que se han realizado al respecto han sido bastante escasos y el estudio de la homosexualidad está recién comenzando. Es por ello que el desarrollo de la presente revisión bibliográfica, lo que buscarelación a la atracción sexual en homosexuales. es poder aclarar al menos información en

 No obstante, si bien el hilo conductor de este escrito es el que dice relación con la atracción sexual en homosexuales, es preciso definir esta orientación sexual para poder tener claro los conceptos que siguen a continuación.

 Como todo lo que pertenece a la esfera de la sexualidad humana, la homosexualidad es una condición no siempre fácil de definir no delimitar, dado que esta actividad puede presentarse en diferentes grados y con distintas manifestaciones. Así, puede trazarse un arco que va desde la homosexualidad latente, que nunca llega a declararse de manera pública y manifiesta, hasta la homosexualidad más radical, que le exige al propio individuo su plena manifestación y realización[2].

 De este modo, es preciso señalar que se utilizará un concepto que se cree aglutinador de las diversas características de la homosexualidad y que dice que la orientación homosexual es la atracción erótica y el interés por mantener relaciones románticas con personas del propio sexo[3].

 No obstante, cabe hacer la salvedad de que el ser homosexual no siempre implica una aversión total a la heterosexualidad. Principalmente es la preferencia psicológica predominante por el sexo propio[4]. Es por ello que más delante se revisará de forma breve el estudio realizado por Kinsey respecto de la homosexualidad en el cual plantea que ésta es un continuo en el que habrá diversos grados. De esta forma, se da comienzo al presente trabajo que busca revisar diversos elementos en la bibliografía específica y más general respecto a la atracción sexual en homosexuales.

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[1] RATHUS, S.; NEVID, J.; FICHNER-RATHUS, L. Sexualidad Humana. Pág. 253.

[2] MALONE, G. Homosexualidad, Gays y lesbianas: una alternativa sin tabúes. Pág. 5.

[3] RATHUS, S.; NEVID, J.; FICHNER-RATHUS, L. Op. Cit. Pág. 232.

[4] MALONE, G. Op. Cit. Pág. 5.


2) Desarrollo

Uno de los aspectos más controvertidos referentes a la conducta sexual humana lo constituye el hecho que algunas personas se sienten sexualmente atraídas por personas de su mismo sexo y las prefieren como compañeros sexuales, es éste el planteamiento que Barra (1999) hace respecto a la homosexualidad, sin embargo, incluye otro elemento de lícita relevancia y es aquel en que dice que el tema de la orientación sexual y la homosexualidad ha sido y sigue siendo intensamente debatido, y tal como ocurre en otros aspecto de la sexualidad, en este campo habitualmente encontramos por una parte escasa información científica precisa y concluyente, y por otra parte la fuerte influencia de valores, creencias, estereotipos, simplificaciones y en general bastante confusión. Es por esta razón que se estima que el tema de la atracción sexual en homosexuales ha sido escasamente tratado en material bibliográfico y menos aún referido a estudios científicos que avalen seriamente postulados en función de cómo un homosexual se siente atraído por un sujeto del mismo sexo. Además, atracción sexual, comportamiento sexual e identidad sexual pueden no ser lo mismo. La homosexualidad se refiere a la persistente atracción física y emocional hacia personas del mismo género; la bisexualidad, hacia personas de ambos géneros. Las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo no necesariamente reflejan una identidad homosexual o bisexual. Un estudio encontró que entre los adolescentes que reportaron tener sexo con otros hombres, más del 54% se identificó como homosexual (gay), 23% como bisexual, y 23% como heterosexual. Sin perjuicio de lo anterior, es preciso señalar antes de explicitar temas respecto a cómo se desenvuelve la homosexualidad en términos de atracción sexual, aclarar algunos elementos cuando nos referimos a la homosexualidad. Es por ello que se agrega que la homosexualidad es considerada, moderna y progresivamente, como un fenómeno anómalo, desde el punto de vista de la biología y anatomía y la psicología de los sexos, pero no una enfermedad. Dado que científicamente no ha podido encontrarse una única e inequívoca causa que induzca la homosexualidad, psicólogos, psiquiatras, médicos en general, filósofos, sociólogos, etcétera, la consideran, sencillamente, una forma de orientación sexual, sin poder ir más allá en las interpretaciones de todo tipo que sobre la sexualidad se han vertido.   Asimismo, se han propuesto distintas explicaciones para dar cuenta del hecho que algunos individuos posean o desarrollen una orientación homosexual. Estas posibles explicaciones abarcan un amplio rango de factores que se postulan como determinantes, entre ellos la predisposición genética, la influencia de las hormonas pre-matales, la naturaleza de la relación temprana con los padres, la influencia de los pares y otros modelos, y la naturaleza de las primeras experiencias sexuales del individuo.  Es de acuerdo a esto último que se incluye dentro del presente escrito un extracto de un estudio realizado por Cortés y cols. (1990) quienes intentan dar respuesta a cómo se da la orientación sexual en la adolescencia, así y de acuerdo a nuestro criterio, se podrían relacionar estos elementos con “eventuales” causas de la homosexualidad, partiendo de esta forma desde aquellos sentimientos homosexuales que se puedan haber vivenciado en etapas tempranas del desarrollo, como por ejemplo, aquellos procesos que se viven en la adolescencia. Cortés y cols. (1998) refieren en su discusión que algunos estudios señalan que aunque el 25 % de los homosexuales han tenido sentimientos homosexuales en algún grado, sólo el 4 % considera éstos más fuertes que los heterosexuales, y resulta conveniente aclarar que los sentimientos y conductas homosexuales o bisexuales de los adolescentes no pueden ser clasificadas como definitorias en esta escala que corresponde a una etapa de la vida, por lo que es poco frecuente encontrar en estas edades algunas de estas variantes sexuales en estado puro. Pocos autores han realizado estudios sobre esta temática. Peraza (1990) encontró en una muestra de adolescentes de 14 a 18 años, que en el grupo de 14 a 15, el 17,6 % de 6 varones habían referido conducta homosexual, y 1 mujer (2,8 %) de las estudiadas refirió lesbianismo. En el grupo de 16 a 18 años, el 8,3 % de 5 adolescentes masculinos estudiados; refirió esta conducta y de 4 hembras estudiadas, la refirió el 6,6 % del total de 16 homosexuales estudiados. Aunque estos resultados son superiores a los nuestros, que pudiera deberse a la técnica utilizada (entrevista en nuestro caso), se aprecia el predominio del sexo masculino sobre el femenino en la conducta homosexual. Algunos estudios plantean que este hecho se produce normalmente durante la adolescencia fundamentalmente en el sexo masculino. En otros se plantea la posible existencia en el cromosoma X de un gen capaz de afectar la orientación sexual del varón aunque son resultados preliminares en una muestra pequeña. Como se puede observar, no se puede ser categórico y relacionar fenómenos que se dan en función de la búsqueda de la identidad sexual con la homosexualidad propiamente tal, a pesar de que efectivamente se presenten sentimientos homosexuales en la adolescencia y algunos de ellos sean vividos de tal manera que se mantengan en el tiempo alcanzando la edad adulta. No obstante, tenemos así un continuo de explicaciones, estando en un extremo aquellas que enfatizan los factores biológicos (herencia, influencias intrauterinas, hormonas sexuales, y hasta características de algunas estructuras cerebrales) y en el otro extremo aquellas que le dan más peso a las influencias ambientales (problemas en la identificación con los padres o ausencia de alguno de ellos, influencia de ambientes unisexuales, condicionamiento a través de experiencias y fantasías sexuales, etcétera). Ahora bien, siguiendo las ideas de Malone (1999), la homosexualidad no es una cuestión tan sencilla como para limitarla a esa “orientación sexual” sin más. Como se sabe, es una condición que influye prácticamente en todos los aspectos de la vida civil, puesto que no puede ser separada de los usos sociales mayoritariamente establecidos, que abarcan desde el matrimonio y los hijos al trabajo, la política, etcétera...Además, el mundo de los homosexuales ha estado siempre inmerso en la sociedad, pero oculto, sólo con leves afloraciones en puntos y lugares donde las condiciones del entrono eran más propicias a consentirlo. Pero en las últimas décadas, las asociaciones de gays y lesbianas han ido tomando incremento al agruparse y manifestarse públicamente, poniendo de manifiesto dos hechos: que existen y que reivindican los mismos derechos que los demás ciudadanos y ciudadanas. De este modo, y habiendo hecho la salvedad en cuanto a la aclaración de diversos elementos entorno a la homosexualidad, es posible poder seguir el hilo conductor que se planteada desde un principio, nos referimos a la atracción sexual.  En cuanto a la conceptualización de atracción sexual, es importante enunciar a Berscheid y Walster (1982 quienes definen conceptualmente la atracción interpersonal como “la tendencia o predisposición del individuo a evaluar a otra persona o el símbolo de esa persona en forma positiva (o negativa)” (p. 4). Del mismo modo, siguiendo los postulados de Martínez (1999), los autores anteriormente señalados se pronuncian a favor de la atracción interpersonal como una variable multidimensional, en el sentido de que las personas experimentan diferentes clases de atracción.  Es así como cada persona apreciaría un conjunto de atributos en un posible compañero, los que ponderaría según su particular escala de prioridades.  Además de señalar que el aspecto físico tiene un carácter muy relevante en los inicios de la interacción de pareja, entonces, hipotetizando al respecto, se tendría que en la medida que un homosexual se sienta atraído físicamente por un otro del mismo comenzaría a darse la atracción sexual, lo que deja en claro que no sería diferente a cómo se da el mismo proceso en heterosexuales. Sin embargo, siguiendo los postulados del mismo autor quien plantea que de acuerdo a la selección natural y la selección sexual se darán diversos procesos, entonces, comenzaríamos a encontrar diferencias entre homosexuales y heterosexuales, por ello si la psicología evolucionista nos plantea que el proceso de ponderación de características tiene lugar al momento de elegir pareja y además plantea de que el principio de la selección sexual se produce por la búsqueda que machos y hembras llevan a cabo con el objetivo de lograr las mejores parejas para asegurar el nacimiento y desarrollo de sus hijos y por ende, la futura replicación de los propios genes, entonces, cabe hacerse la siguiente interrogante, ¿qué sucede con personas que no precisan de reproducirse y por el contrario se siente sexualmente atraídos por miembros del mismo sexo con los cuales claramente no tendrán reproducción de sus genes? Alguna vaga respuesta a dicha interrogante, se puede encontrar en los planteamientos de de Catanzaro (2001) quien señala ¿por qué la selección natural habrá tolerado la sexualidad no reproductiva, cuando la reproducción real requiere de la conducta heterosexual y es la esencia de la propagación de los genes? El problema no es explicar alguna conducta homosexual; si los individuos son bisexuales o se involucran también en la sexualidad reproductiva debido a prácticas culturales que alientan el matrimonio universal, producirían suficientes niños para pasar sus genes a las generaciones venideras. Sin embargo, la conducta sexual exclusiva, donde la persona declina la oportunidad reproductiva verdadera con el sexo opuesto, no presenta un problema evolutivo. De esta manera, si bien aquellos postulados son en extremo biologicistas, el mismo autor agregar, algunos investigadores no están por completo convencidos de que la respuesta descansa en la biología  incluyendo además que de manera tentativa, puede ser razonable suponer que el desarrollo de la orientación sexual no reproductiva puede deberse a una cantidad de factores, interacciones complejas de factores biológicos y experimentales, operando en formas idiosincrásicas que dependen de la preocupación individual. De esta manera, se sigue teniendo y siguiendo a Barra un escaso estudio al respecto, ya sea en general o bien en cuanto a temas específicos como lo son el qué hace que un individuo elija a otro del mismo sexo como pareja si su fin último no será el de la reproducción. Aquí, se vuelve a los planteamientos de Martínez quien agrega una variable alternativa en cuanto relaciona la atracción sexual con el paradigma del intercambio social, y señala que éste a diferencia de la psicología evolucionista este otro modelo se pronuncia por una menor amplitud y mayor variedad de criterios para juzgar lo que es atractivo para hombres y mujeres.  De esta forma, aparecen las diferencias en la conducta sexual de emparejamiento de la mujer y el hombre y es en función de esto que Martínez (1999) cita a Bailey y cols. (1994), dice que estos autores ponen a prueba las predicciones acerca de las diferencias de hombre y mujer respecto a lo que denominan la “psicología reproductiva”. Conformaron muestras de 65 hombres y 71 mujeres heterosexuales, y de 69 y 72 mujeres y hombres homosexuales, respectivamente. Las mujeres heterosexuales fueron significativamente más jóvenes (media: 25 años) que los miembros de los otros grupos (media: 28,9 años), los cuales no se diferenciaron entre sí. Apoyando los resultados de otros estudios, en éste se encontró que, a diferencia de las mujeres heterosexuales, los hombres heterosexuales se caracterizaron por un mayor interés en el sexo sin compromiso (no permanente) en lo general, y en lo específico por interesarse más en los estímulos sexuales visuales, por la importancia concebida el atractivo físico de la mujer, por preferir parejas más jóvenes, por experimentar mayores celos en presencia de la infidelidad sexual (más que emocional) de la mujer, por una más alta frecuencia de encuentros sexuales casuales, y por conceder menor importancia a condiciones de la mujer como su nivel de educación e ingreso económico, su reputación social, etcétera. Si bien, estos autores realizan este estudio, los hallazgos respecto de la atracción sexual en homosexuales no fue expuesta, lo que da pie para preguntarse diversas interrogantes, ¿acaso no fueron significativos los resultados?, ¿acaso se comportan de igual manera que los heterosexuales?, en fin, pudiesen aparecer más y más interrogantes. Ahora bien, está claro que el estudio hace diferencia entre hombres y mujeres y su objetivo era aquél, de este modo, independientemente de la orientación sexual, se podría hipotetizar que los hombres concederán mayor importancia a los estímulos sexuales visuales, así hombres homosexuales seleccionarán a su pareja en función del atractivo físico, y mujeres homosexuales lo harán en función de otras variables; cabe agregar que estas son sólo hipótesis y ni siquiera pretenden ser respuestas a las interrogantes planteadas más arriba. Sin perjuicio de los estudios realizados Bailey y cols, hay autores como Malone (1999) quienes plantean que la elección de pareja que se da con más frecuencia es el tipo masculino o el hombre que posee caracteres y atributos que simbolizan la masculinidad. Lo que más se aprecia del simbolismo masculino es un gran pene, pero también se concede importancia a la belleza corporal y musculatura desarrollada. La inclinación por una pareja con características feminoides se da en un porcentaje menor.  Del mismo modo, siguiendo al mismo autor, en cuanto a la elección de la pareja, los homosexuales suelen ser muy específicos, revelando preferencias muy concretas.  Por otro lado, siguiendo el estudio clásico de Kinsey (1984), se propone una división inicial en tres grandes categorías:

- Personas cuya atracción es predominantemente hacia los individuos del otro género (heterosexualidad).
- Personas cuya atracción es predominantemente hacia los individuos de su mismo género (homosexualidad.
- Personas que sienten un mismo nivel de atracción hacia individuos de uno u otro género (bisexualidad).  

A este respecto, Kinsey expuso que estas tres categorías pueden conceptuarse como un continuo, en el que incluso, una persona heterosexual puede sentir atracción y expresar afectividad hacia personas de su mismo género, de la misma manera que sucede entre personas de preferencia homosexual. A su vez y puesto que existen diferentes grados de homo y heterosexualidad, los autores proponen subdividir cada una de estas categorías en tres grados:  

- Fundamentalmente homo o heterosexual (FHM o FHT).  
- Básicamente homo o heterosexual (BHM o BHT).  
- Preferentemente homo o heterosexual (PHM o PHT).  

Por último, sólo cabe agregar que de estas tres subdivisiones es que se desprende la escala de Kinsey respecto de los comportamientos sexuales, encontrando en los extremos a aquellos que son exclusivamente heterosexuales y a aquellos que son exclusivamente homosexuales. Asimismo, se puede observar que a pesar de que los homosexuales suelen ser muy específicos, revelando preferencias muy concretas como señala Malone (1999), estos a su vez variarán su comportamiento dependiendo del lugar que ocupen en este continuo. No obstante lo anterior, esto sería tema para discutir ampliamente en otra ocasión y debido a que esto se sale de la tópica principal de este escrito es que sólo se ha hecho referencia al modelo para intentar comprender de mejor manera la atracción sexual en homosexuales. Ahora bien, en cuanto a la homosexualidad femenina, Malone (1999) plantea que el tipo de relación afectiva que se establece entre las homosexuales femeninas o lesbianas, es básicamente igual que la de los homólogos masculinos, y en el acto propiamente sexual se efectúa una representación heterosexual, es decir, una de las parejas adopta el papel masculino, mientras la otra representa el femenino, aunque en ocasiones intercambian los papeles. Sus papeles, como ocurre en los hombres homosexuales, es ambivalente. No obstante, muchas se conducen como habitualmente masculinas o habitualmente femeninas. Pero existe otro tipo de relación de pareja lesbiana, y es la de representación de los papeles madre-hija. Así como entre los homosexuales masculinos se valoran las características masculinas de la pareja, así entre las lesbianas se valoran las cualidades femeninas, que principalmente están simbolizadas en los senos. Del mismo modo, de acuerdo a lo que señala Barra (1999) citando el estudio del Instituto Kinsey de Investigación Sexual, denominado muchas veces estudio San Francisco por el área geográfica donde se realizó, estudio que duró aproximadamente 10 años y fue publicado en 1981 por Bell, Weinberg y Hemmersmith y en donde además se compraron sujetos de ambos sexos tanto homosexuales (alrededor de 1.000) como heterosexuales (alrededor de 500); los siguientes sería algunos de los resultados positivos más importantes que emergen de dicho estudio. La preferencia sexual se determina en la adolescencia, se haya iniciado o no aún la actividad sexual. En algunos casos tendrían mucha influencia ciertos procesos de aprendizaje, mientras que en otros casos parece existir una fuerte predisposición que emerge independientemente de experiencias específicas de aprendizaje. Tanto para los homosexuales como para los heterosexuales, serían los sentimientos sexuales tempranos más que las actividades sexuales los que predicen el desarrollo posterior de la preferencia sexual  adulta. Muchos homosexuales de ambos sexos reportan experiencias sexuales pre-adultas, pero ellos tienden a disfrutarlas mucho menos que los heterosexuales de ambos sexos. En los homosexuales de ambos sexos hay una fuerte relación entre no conformidad de género y preferencia homosexual adulta, sin embargo, existe una amplia variabilidad y muchos de ellos mostraban cuando niños conformidad con sus roles de género. No obstante lo anterior, también sen han tratado en algunos apartados de homosexualidad diversos elementos que hacen referencia a los estilos de vida homosexual, elementos que pueden dar luces de cómo se experimenta el emparejamiento entre individuos del mismo sexo, es así como siguiendo a Rathus (2005) se tiene lo siguiente; uno de los errores que comete la gente (y algunos investigadores) es tratar a las personas gays como si fueran todas iguales. Según Bell y Weinberg (1978), las personas gays no adoptan un estilo de vida único y estereotipado. Por esta razón los autores titularon su informe Homosexualities: A Study of Diversity Among Men and Women (Homosexualidades: une estudio de la diversidad entre hombres y mujeres). Rathus (2005) realiza la siguiente pregunta: ¿qué tipos de estilos de vida adoptan las personas gays? a la que responde señalando que las variaciones en la expresión sexual existen a través de las orientaciones sexuales. Las descripciones de los estilos de vida gay y heterosexual deben considerar diferencias individuales

así como diferencias en los estilos de vida entre los hombres gays y las lesbianas. Los investigadores han encontrado reiteradamente que los hombres gays tienen relaciones sexuales ocasionales con muchas parejas con más probabilidad que las lesbianas. Las lesbianas, con más frecuencia, limitan su actividad sexual a una relación de afecto con compromiso (Bell y Weinberg, 1978; Peplau y Cochran, 1990). En relación a este aspecto se puede encontrar cierta similitud en cuanto a los estudios realizados por Bailey y cols. (1994) viendo que a pesar de la orientación sexual, se sigue manteniendo que en hombres existe una predisposición a mantener relaciones sexuales simplemente, en cambio en mujeres la variable afecto juega un papel importante. En su investigación clásica, Bell y Weinberg informaron que el 84 por ciento de los hombres gays, comparado con el 7 por ciento de las mujeres lesbianas, decían haber tenido más de cincuenta parejas a lo largo de su vida. El 79 por ciento de los hombres gays en su estudio, comparado con sólo el 6 por ciento de las lesbianas, dijeron que más de la mitad de sus parejas eran desconocidos. Incluso los hombres gays, en relaciones con compromiso, tenían una actitud más permisiva hacia la actividad sexual fuera de la pareja que las lesbianas (Blumstein y Schwartz, 1990; Peplau y Cochran, 1990).  Ahora bien, al contraponer este postulado con lo que señala Martínez (1999) basándose en Buss y Barnes (1986) se obtiene que; en cuanto a la sensibilidad del hombre a los celos de origen sexual, cabe relacionarla con la seria amenaza que representa el adulterio con trato físico para su éxito reproductivo; si es así, entonces, en homosexuales quienes no buscan el éxito reproductivo, esta variable no sería relevante por cuanto se encontraría una relación directa con el que sean más permisivos a la hora de enfrentarse a una infidelidad o bien una relación fuera de la pareja, y además esto se conjuga con lo que señala Malone (1999), agregando que en el juego sexual de una pareja homosexual masculina, generalmente uno de los dos miembros es realmente sincero en sus emociones, pero se da con frecuencia el caso de que el otro miembro sea bisexual y actúe sólo por la recompensa económica de prestar estos “servicios”. En cambio en las mujeres, Buss y Barnes (1986) señalan que la mujer sufrirá celos más probablemente cuando perciba un compromiso afectivo del hombre con otra mujer, puesto que ello implica la eventual pérdida de recursos para ella y su prole. De esta manera, también se encontraría una relación aquello que plantean Blumstein y Schwartz, 1990; Peplau y Cochran, 1990 al señalar que las mujeres lesbianas tienen una actitud menos permisiva en función de las relaciones fuera de la pareja. Si es así, se puede hipotetizar nuevamente que independientemente de la orientación sexual, existirían similitudes intragénero que permitirían encontrar elementos parecidos en cuanto a la atracción sexual, ya sea por parte de mujeres o por parte de hombres. Ahora bien, las causas de estas similitudes no se podrían determinar ni hipotetizar al respecto tan fácilmente como se pudiese hacer contraponiendo hallazgos de diversos autores.   Por otro lado, volviendo a las diferencias de los estilos de vida de gays y lesbianas y siguiendo a Rathus (2005), tradicionalmente, el bar gay era como la arena (lugar de lucha para conseguir) para los contactos sexuales (Bell y Weinberg, 1978). Los hombres gays buscan ligue en lugares públicos más frecuentemente que las lesbianas. Éstas tienden a encontrar sus parejas entre los amigos, en el trabajo y en reuniones sociales informales  En otro escenario, Bell y Weinberg encontraron otros hallazgos en función de las variaciones en los estilos de vida gay. Estos autores, según cita Rathus (2005), encontraron que cerca de tres de cada cuatro parejas gays a las que estudiaron podían clasificarse según uno de estos cinco estilos de vida: parejas cerradas, parejas abiertas, funcionales, disfuncionales y asexuales. Las parejas cerradas recuerdan fuertemente a las parejas casadas. Muestran compromiso emocional profundo y pocas relaciones sexuales fuera de la pareja. Casi tres veces más lesbianas (el 28 por ciento) que hombres gays (el 10 por ciento) viven estas relaciones íntimas comprometidas. Las personas gays que viven en relaciones cerradas muestran menos problemas psicológicos y sociales que aquellas que tienen cualquier otro estilo de vida. Las parejas que Bell y Weinberg describieron como parejas abiertas, vivían juntos, pero tenían relaciones fuera de la pareja. Las personas gays que vivían en parejas abiertas no parecían tan bien adaptadas como las parejas cerradas. No obstante, su adaptación general era similar a la de las personas heterosexuales. Sin embargo, otras personas gays vivían solas y tenía contactos sexuales con numerosas parejas, un tipo de estilo de vida gay de “soltero desinhibido”. Algunos de aquellos que vivían solos, los llamados <B style="mso-bidi-font-weight: normal">funcionales</B>, parecían haberse adaptado bien a su estilo de vida desinhibido y eran sociables y estaban bien adaptados. Otros, llamados disfuncionales, tenían problemas psicológicos, sociales y sexuales. Los disfuncionales sufrían a menudo de ansiedad y de infelicidad y muchos encontraban dificultad para establecer relaciones íntimas. Los asexuales también vivían solos, pero se distinguían por tener pocos contactos sexuales. Éstos tendían a tener más edad que los gays de los otros grupos. Aunque no mostraban los problemas de la conducta sexual, su orientación sexual era claramente gay.

Los homosexuales como los heterosexuales, llevan diferentes estilos de vida. Las cosas no son más simples en el mundo gay que en el mundo heterosexual. Y las razones por las que algunas personas son homosexuales siguen siendo tan poco claras como las razones por las que la mayoría de las personas son heterosexuales. Es por ello que se invita a seguir investigando y se llega a concretar la siguiente interrogante ¿Es la atracción sexual en homosexuales igual a la atracción sexual en heterosexuales?...


3) Conclusiones:


   Finalmente, concluyendo este trabajo se puede señalar que si bien la homosexualidad ha sido blanco de innumerables discusiones desde los escenarios más diversos, como la religión, la psicología, la moral, la biología, la sociología, la antropología, la medicina, entre otros, es preciso situarla como una variable de la orientación sexual e independientemente de toda connotación negativa que pudiese tener consigo se debe comprender a la persona homosexual antes que todo como persona y por ende atribuirle a la misma todo aquello que como tal merece.

   De este modo, en el presente escrito se quiso hacer una revisión bibliográfica lo más completa posible para de este modo, poder conceptuar la atracción sexual desde la esfera de la homosexualidad y es por ello que para comprender este elemento, presente en la sexualidad humana, fue preciso diferenciar diversos conceptos, entre ellos el primero fue el de la orientación sexual.

    Así, se tiene que la orientación homosexual es uno de los cuatro componentes de la sexualidad humana. Se caracteriza como una duradera atracción emocional, romántica, sexual o afectiva para con individuos del mismo género. Los otros tres componentes de la sexualidad son el sexo biológico, la identidad de género (el sentido psicológico de ser hombre o mujer) y el papel sexual social (adición a las normas culturales de comportamiento masculino o femenino).

    De la misma manera, puesto que existen varias teorías sobre los orígenes de la orientación sexual: hoy día la mayoría de los científicos considera que la orientación sexual es probablemente el resultado de una compleja interacción de factores ambientales, cognitivos y biológicos[1].

    Por otro lado, teniendo en cuenta que la homosexualidad corresponde a la atracción sexual y emocional hacia una persona del mismo sexo, como anteriormente se ha hecho referencia reiteradas veces, ésta no es una enfermedad. Asimismo, las más reconocidas organizaciones de salud mental, incluyendo la Asociación Americana de Psicología, ha establecido que la homosexualidad no es un trastorno mental.

     Es así como habiendo aclarado que la homosexualidad es una orientación sexual alternativa a la heterosexualidad y además no es una enfermedad es que se puede abordar desde la Sexología tomando en cuenta todos aquellos elementos presentes en el estudio de la sexualidad humana. Asimismo, puesto que se han hecho estudios al respecto de qué es lo que atrae a una mujer de un hombre y viceversa, se ve que muy pocos estudios han llegado a resultados concluyentes que indiquen qué es lo que atrae sexualmente a un hombre respecto de otro e igualmente  para el caso de las mujeres entre las mismas.

     Es por ello, que a pesar de intentar comprender de mejor manera la atracción sexual en homosexuales a través de esta revisión bibliográfica, quedan muchas interrogantes que aún esperan ser resueltas y para ello no sólo basta tener las intenciones de investigar al respecto si no que además tomar en cuenta que, en su diversidad, el ser humano posee innumerables e infinitas variaciones, es así como en el plano de la sexualidad  (elemento tan importante en la vida de las personas) aún queda mucho por investigar y resolver.

      Además, no sólo el tema de la atracción sexual es de gran relevancia para poder comprender de mejor manera la sexualidad humana y en particular las distintas orientaciones sexuales; existen también dentro de la tópica de la homosexualidad elementos que ayudarían a comprenderla de mejor manera pero al igual que los temas que ya señalados, estos otros como las fantasías sexuales en homosexuales, la paternidad y maternidad, los celos, la bisexualidad, etc. están aún sin resolver, por cuanto, no es sólo y exclusivamente trabajo de sexólogos o psicólogos investigar al respecto; antropólogos, sociólogos, biólogos, médicos, etc. también tienen la posibilidad de hacerlo. Es por ello que la invitación queda hecha a la eventual investigación de manera que no sólo se llegue a resultados concluyentes que coadyuven a aumentar el conocimiento respecto del ser humano sino que además contribuya al desarrollo de la tolerancia y respeto entre las personas.


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[1] APA. Respondiendo a sus preguntas sobre orientación sexual y homosexualismo. Pág. Web.




4) Bibliografía:


DeCATANZARO, Denys. Motivación y Emoción. Primera edición. México D.F., México: Paerson Educación, 2001. 368 p. ISBN: 970-26-0008-1.


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MALONE, Gustav. Homosexualidad; Gays y lesbianas una alternativa sin tabúes. Segunda edición. Barcelona, España: Fapa Ediciones, 1999. 63 p. ISBN: 84-89680-53-3.


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McCARY, James. Sexualidad Humana. Quinta edición. México D.F., México: Manual Moderno, 1996. 430 p. ISBN: 968-426-707-X.


RATHUS, Spencer.; NEVID, Jeffrey; FICHNER-RATHUS, Lois. Sexualidad Humana. Sexta edición. Madrid, España: Prentice Hall, 2005. 504 p. ISBN: 84-205-4524-4.


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Recursos en Internet:


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GARCÍA, Andy. Editor. Hombres jóvenes que tienen relaciones sexuales con hombres: en riesgo de contraer el VIH y otras ETS. Disponible en http://www.advocatesforyouth.org/publications/factsheet/fsyngmen_sp.htm. Consultado 04 de diciembre de 2006.


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Autor: Javier  
 
 
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