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Son los síntomas físicos, psíquicos y comportamentales de las personas que padecen anorexia:
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Llega un punto a lo largo del ciclo vital en el que nos preocupan cuestiones como la identidad: ¿Quién seré? ¿Quién soy? ¿Quién he sido? Esta cuestión se nos puede plantear como una sentencia angustiante o como una tranquila reflexión dependiendo de cómo hayamos afrontado el envejecimiento durante toda nuestra vida, ya que en todo momento envejecemos y no únicamente en la transición de la edad adulta a la vejez propiamente. Sin embargo, habitualmente suele ocurrir que es en este momento en el cual tenemos mayor conciencia del proceso de envejecimiento.
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La adicción al trabajo resulta difícil de identificar puesto que, en nuestra sociedad, para muchos es la única forma de conseguir el éxito y suele conllevar recompensas económicas (Fossum y Mason, 2003), logrando a menudo, a diferencia de otras adicciones, consenso familiar y social (Burin, 2007). No obstante, una “pasión” por el trabajo no implica siempre una adicción, también puede ser una inversión en un trabajo o carrera estimulante que se realiza disfrutando de dicha actividad. El problema viene cuando esa dedicación al trabajo es excesiva reemplazando las relaciones personales y el sujeto no puede dejar de pensar en sus proyectos de trabajo, no sólo cuando está trabajando sino también cuando termina la jornada laboral y se encuentra en su tiempo libre. Cuando alguien centra toda su autoestima e identidad en su trabajo quiere decir que éste se ha convertido en una adicción (Fossum y Mason, 2003).
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La definición de la OMS para la bulimia nerviosa: es un síndrome caracterizado por episodios repetidos de atracones de comida y una excesiva preocupación por el control del peso, que conduce a comer demasiado y a continuación vomitar y tomar purgantes.
Este trastorno comparte muchos rasgos característicos psicológicos con la anorexia, que incluye una excesiva preocupación por la silueta y el peso corporal.
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Antonio coge el móvil y marca atropelladamente el número de su mujer. Está muy nervioso. Ya antes intentó llamarla pero el móvil estaba apagado…“No quiere hablar conmigo, no me quiere, me va a dejar” piensa, y estos pensamientos lo bombardean, no le dejan respirar, le atormentan porque “él sin ella no puede vivir”, la sangre se agolpa y le aprisiona la cabeza y allí no hay otra cosa que el eco de estas ideas que lo golpean; tampoco puede dejar de imaginársela con otro hombre, quizás yendo a la casa de él, se imagina cómo él la empieza a besar y a levantarle la falda…Ella no responde - el hombre, la falda – “¿por qué no coge el teléfono?” – “no me quiere, no soy nada” – “¿quieres coger el teléfono?” – el hombre la acaricia y ella gime de placer – y Antonio estalla el móvil contra el suelo con una violencia brutal, está furioso pero, momentáneamente este atronador bombardeo de ideas se calma, esta catarsis violenta le alivia y es el momento en que, más fríamente, comienza a imaginarse la conversación que tendrá por la noche con su mujer, los reproches, las órdenes burdamente enmascaradas con amor, la manipulación… que le sirven para manejar su indefensión, para controlar, para asegurarse de que ella no le va a dejar porque, según piensa él, él no tiene mucho que ofrecer, es una víctima, de su familia, de la tienda, de su trabajo, y no resulta tan interesante como muchos otros hombres…”no soy nada, soy un fracasado”. Así, tiene que atarla, controlarla, porque teme que ella se dé cuenta de lo que él, en su fuero interno, cree ferozmente que es: alguien sin valor.
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A raíz del visionado de un pequeño fragmento del maravilloso programa REDES (que tenéis colgado en nuestra web ) he empezado a reflexionar sobre lo confuso que nos resulta el tiempo según vamos cumpliendo años.
Es curioso remontarnos a nuestra infancia y apreciar cómo en muchos de aquellos momentos podíamos percibir el paso de tiempo como sumamente lento, casi como una eternidad. Al igual que según vamos creciendo, la velocidad parece acelerarse de forma vertiginosa, dejando en la memoria pequeños fragmentos o recuerdos, que por alguna razón nos han impactado.
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Un sentimiento muy frecuente entre los clientes que acuden a la consulta de los profesionales de la psicología es un sentimiento de tristeza, de desesperanza: viven un vacío interior, con una profunda insatisfacción y decepción con la vida que llevan.
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El humano desde tiempos inmemoriales, ha tenido necesidad de agruparse para cazar, trabajar, fiestear, jugar… y de esa manera, trasmitir conocimientos y tradiciones a los demás integrantes de su grupo. Funciona en colectivo porque él es un ser social. Ser solitario, anacoreta, asceta, eremita o ermitaño es poco común en la sociedad. Sin embargo, hay personas que por razones religiosas, filosóficas, o por motivos emocionales, o artísticos deciden vivir al margen de la sociedad. Algunos filósofos griegos de la antigüedad llegaron a practicarla y sostenían que había que vivir aislado para ser feliz.
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"Un hombre que atravesaba el campo se encontró con un tigre. Echó a correr, y el tigre tras él. Al llegar a un precipicio, se asió a las raíces de una viña silvestre y se dejó colgar en el abismo. El tigre lo husmeaba desde allá arriba. Temblando, el hombre miró hacia abajo, donde, de lejos, otro tigre aguardaba para devorarlo. Dos ratones, uno blanco y otro negro, empezaban a roer lentamente la vid. El hombre vio allí próxima una mata de apetitosas fresas. Asido de la vid con una mano, arrancaba fresas con la otra. ¡Qué dulce su sabor!" (Cuento zen)
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La psicoterapia es el proceso de asistencia al paciente para llevarlo a un estado de armonía y equilibrio. En el campo de la regresión esos objetivos son similares a los que plantea cualquier otra forma de psicoterapia: el alivio de las crisis y conflictos, mejora de las relaciones y el aumento del sentido de autoestima y valía propia. Uno de los objetivos más importantes es la aceptación de quién uno es en cualquier nivel o área de nuestras vidas, llevando la persona a un sentimiento de confort y bienestar consigo mismo en cualquiera que sean las situaciones en que la vida nos ha colocado. El postulado, si es que podemos llamarlo así, de la terapia regresiva es hacer consciente lo inconsciente, de manera que podamos ser nuevamente libres a la hora de tomar opciones o decisiones y no sigamos actuando por condicionamientos inconscientes.
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