El autismo infantil es un trastorno caracterizado por una alteración en las interacciones sociales recíprocas, anomalías de la comunicación verbal y no verbal, pobre actividad imaginativa y un repertorio de actividades e intereses restringidos. Las causas del autismo se desconocen, pero existen diferentes abordajes que tratan de explicar las causas neurobiológicas de este síndrome. Recientemente se ha estudiado la teoría de una disfunción del sistema de neuronas en espejo (SNE). Desarrollo. El SNE es un complejo neuronal, descrito originalmente en monos y también hallado en humanos, que se relaciona con nuestros movimientos y que responde de forma especifica a los movimientos e intenciones de movimiento de otros sujetos. Asimismo se cree que este sistema se encuentra en la base de los procesos de imitación y en la realización de formas de aprendizaje por imitación. Se piensa también que participa en la adquisición del lenguaje, en la expresión emocional, en la comprensión de lo que les sucede a los demás y en la empatía. Debido a que estas funciones están alteradas en los niños con autismo, se cree que existe una disfunción del SNE en los autistas. Conclusión. Una disfunción del SNE podría explicar la sintomatología que se observa en los niños con autismo.

La Consejería de Educación y Ciencia continúa, con esta nueva guía, la colección de publicaciones que tiene por finalidad difundir entre la comunidad educativa la información básica acerca del alumnado con necesidades educativas especiales afectado por distintas discapacidades de tipo físico, psíquico o sensorial. Por ello, las guías se han diseñado resaltando los aspectos esenciales que hacen posible un primer acercamiento a cada grupo. Contienen la delimitación de las características generales de esta población, los sistemas y pruebas de detección, la determinación de las necesidades educativas que suelen presentar estos escolares y la respuesta educativa que corresponde a cada una.


Sin duda, la característica más relevante del espectro autista lo constituye la invarianza o, dicho de otra manera, la tremenda rigidez cognitiva que presentan estos pacientes. La hipótesis de la disfunción ejecutiva en el autismo se basa en la llamada ‘metáfora frontal’, que estudia las similitudes existentes entre los pacientes que han sufrido lesiones en los lóbulos frontales y las personas autistas. Las múltiples conexiones de las regiones prefrontales con casi todas las estructuras corticales y subcorticales permiten explicar que no todo mal rendimiento en pruebas consideradas ejecutivas es la consecuencia de lesiones frontales ni todas las lesiones frontales producen pobres resultados en los tests ejecutivos. La explicación ‘disejecutiva’ intenta comprender determinados síntomas presentes en las personas con autismo tratando de integrar datos neurobiológicos, cognitivos y conductuales. La función ejecutiva se evalúa a menudo usando tareas neuropsicológicas formales, como el test de clasificación de tarjetas de Wisconsin, una medición de la inhibición y la flexibilidad, o la torre de Londres, un test de planificación. Muchos estudios han mostrado que individuos con autismo se desempeñan pobremente en esta tareas. Pacientes con síndrome de Asperger, que logran resolver correctamente las tareas mentales de segundo orden, las cuales requieren un pensamiento recursivo sobre los estados mentales (predecir lo que una persona piensa acerca del pensamiento de otra), no superaban las pruebas de función ejecutiva.

El autismo abarca un grupo heterogéneo de niños con deficiencias conductuales en la cognición social y la comunicación, y que presentan un abanico restringido de intereses y conductas repetitivas . Una gran variedad de deficiencias cognitivas, además de una serie de conductas y condiciones médicas, se asocian al autismo. A pesar de la complejidad de este trastorno, los datos procedentes de las investigaciones neurobiológicas sugieren que es posible identificar redes específicas que desempeñan un papel esencial en la comunicación social. Se espera que si se identifican las deficiencias sociales en las etapas tempranas, será posible poner en práctica intervenciones educativas y conductuales que atiendan a estas deficiencias y que tengan la especificidad suficiente para maximizar el potencial de cada niño. Sin embargo, la ausencia de un marcador biológico para el autismo dificulta la comprensión de los factores determinantes del pronóstico y la evaluación del impacto de las intervenciones. Entre los padres existe un elevado grado de satisfacción con los tratamientos, pero ejemplos de ‘recuperación’ son difíciles de encontrar en la bibliografía y la mayor parte de los niños con autismo manifiestan una dependencia continuada de una terapia y de unos entornos educativos estructurados.

Introducción. El autismo conlleva una alteración en la socialización. Los trastornos en el comportamiento social coexisten con déficit atencionales y alteración del lenguaje. En la esfera atencional, la atención a las personas y a los estímulos sociales relevantes están alterados. Así mismo, los niños con trastorno del espectro autista (TEA) se caracterizan por presentar alteraciones en el reconocimiento de caras y por un descenso en la atención a las mismas. Objetivo. Revisar los déficit neurofuncionales subyacentes en los TEA mediante el uso de los potenciales evocados cognitivos. Conclusiones. Los potenciales evocados cognitivos evidencian que los déficits en la orientación auditiva en niños con autismo no pueden explicarse por un déficit sensorial y sí por un déficit selectivo a los sonidos relacionados con el lenguaje, lo que sugiere especialmente alteraciones en la orientación social. Además, los niños con TEA presentan una alteración en el patrón de respuesta cerebral al procesamiento de caras y objetos en edades tempranas.

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