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El estrés es un rasgo distintivo de la vida que puede ser tan protector como dañino. Desgraciadamente, el “estrés” se contempla demasiado a menudo en un contexto negativo cuando, de hecho, nos permite adaptarnos al cambio. El estrés protector es parte de un proceso natural –cuando el cuerpo se siente amenazado, reacciona siempre con los mismos mecanismos generales de adaptación–. Los síntomas físicos que se producen cuando sufrimos de estrés nos permiten “huir” o “luchar contra” la amenaza. Esta respuesta es un mecanismo de protección básico en la vida que aumenta las defensas y la preparación física y mental –centra la atención y moviliza la energía y los recursos necesarios para poder adoptar la acción adecuada–. El estrés nos permite, por tanto, seguir siendo productivos incluso en situaciones de cambio y desafío. Las reacciones ante una situación de estrés dependen de nuestra personalidad, de nuestra experiencia profesional y de nuestro bienestar físico y emocional.
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