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Los adolescentes ejemplifican, en toda su ambigüedad, la dinámica del cambio. Productos de una crisis de la socialización y representación de la misma, agentes de inquietudes sociales y depositarios de ansiedades desplazadas, sujetos y víctimas de muchos desajustes sintomáticos del funcionalismo social, paradigmas del cambio y de las cuestiones irresueltas, los adolescentes son la diana de múltiples miradas, y deben ser el horizonte de una reflexión crítica sobre nosotros mismos. Sobre todo, porque son en parte nuestra criatura y, más aún, porque representan el futuro colectivo.
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