El humano desde tiempos inmemoriales,  ha tenido necesidad de agruparse para cazar, trabajar, fiestear, jugar… y de esa manera, trasmitir conocimientos y tradiciones a los demás integrantes de su grupo. Funciona en colectivo porque él es un ser social.  Ser  solitario, anacoreta, asceta,  eremita o ermitaño es poco común en la sociedad. Sin embargo, hay personas que por razones religiosas, filosóficas, o por motivos emocionales, o artísticos deciden vivir al margen de la sociedad.  Algunos filósofos griegos de la antigüedad  llegaron a practicarla y sostenían que había que vivir aislado para ser feliz.
 

No sé si es lo ideal para ser feliz, es  perder contacto con nuestros semejantes. El hombre en todos los pueblos y civilizaciones se agrupa, sobre todo, para sus rituales y ceremonias, los cuales, se convierten en  modelos que lo relacionan con sus cosmovisiones, sus culturas y con sus antepasados, y así, rigen su comportamiento dentro de la sociedad en la cual viven.

¿Nos agrupamos o decidimos vivir en la soledad? Es usted el que decide. Pienso que todos los individuos buscan algo: una pasión. Puede ser una religión, un partido político, deportes o al menos se reúnen con sus amigos y familiares para drenar todas sus angustias, inquietudes y temores.


Observamos como algunos buscan el deporte para agruparse. Los fines de semana o todas las tardes se preparan con sus vestimentas características de colores  para ir a jugar. Claro está, el problema no es jugar, perder o ganar, sino tener un intercambio con los demás amigos quienes han ido a lo mismo, a compartir y a matar el tiempo. Se trata de “matar el tiempo” porque el hombre no sabe que hacer cuando está  solo.  El miedo, el estrés, y la angustia le invade... el humano se soporta poco él mismo, no ha aprendido estar en diálogo con su persona y su interioridad. No escucha las voces que vienen de lo más profundo de su ser. Le asusta y le da un gran temor. A su mente llegan pensamientos cargados de fantasías y fantasmas o interrogantes difíciles de responder. Entonces, para no tener esos temores se reúne con sus similares, y  pasar “el tiempo” o dicho de otra manera, así,  no tendrá miedo de lo que él es, y entre juego, combinaciones de números, en colocar una carta o   mover una pieza de ajedrez el tiempo le pasa sin darse cuenta.    Otros, en las tardes se van a la casa de un amigo a jugar unas partidas de dominó o de cartas, ellos no quieren estar solos, lo que quieren es estar con sus compañeros para colocar las piezas, y sin darse cuenta pasan las horas y horas.   


Hay otros, que se reúnen en el club, para intercambiar ideas, hablar del trabajo, de carros y de otras cosas que son cotidianas  y entre “güisqui” y “güisqui”, las manecillas de los relojes hacen su recorrido; lo ideal es poder compartir. Y mientras pasa el tiempo, se  comunican con sus celulares.


Hay los que  quieren encontrarse con Dios y van regularmente a misa todos los domingos, ven a sus amigos a la salida de la ceremonia y después van habitualmente a reunirse con su familia y amigos, o bien, si practican una religión  protestante salen en grupo a  llevar el mensaje de Cristo por los barrios, pero, para ellos lo importante, es su grupo, la fe, estudiar la Biblia, predicar, hablarle a los otros de la palabra de Dios... y así pasan las horas. Es un tiempo ligado a lo sagrado, a la prédica, al proselitismo. Algunos, forman parte de grupos de ayudas a personas enfermas y ancianos y lo hacen por un principio humanitario. Hay, otros, que forman partes de grupos ecologistas o políticos… así mismo,  hay  asociaciones que buscan dinero para ayudar los pobres.


Pero, existen  grupos para todos los gustos y aficiones, puede ser el deporte del ciclismo, la natación o el juego de cartas o de bolas criollas, y otros, que ya no es solamente el casino, sino que se convierte en una adicción, olvidándose, en muchos casos de la familia, entre ellos: la esposa/o, novio/a e hijos. Son grandes soñadores… se hacen esclavo del azar y no dominan “su tiempo”. Hay los jugadores de lotería que se convierten en una cofradía, con sus números secretos y combinaciones. Creen, fervientemente, en las combinaciones matemáticas, y sólo hablan de números y hasta utilizan nuestra fecha de nacimientos en sus complicadas cuentas. Todas las tardes se reúnen para intercambiar datos. Lo mismo son los jugadores de carreras de caballos, conocen el peso, en cuantos metros es bueno, el tipo de jinete y todos los pormenores de la hípica.


Así pasan el tiempo la mayor parte de los individuos. Hay un gran miedo de estar solo o sola, y se busca refugio en el  grupo, posiblemente está impreso en lo más profundo de nuestra psique, cuando hace de miles de años, el individuo formó parte del   grupo o clan para protegerse de las rudezas e inclemencias de esos tiempos duros, desconocidos y difíciles y, donde todo era desconocido para él. Se agrupó para cazar y recolectar frutas y raíces, fabricar objetos, cantar, bailar y tocar un primitivo instrumento de música, para inventar leyendas, ritos y mitos; en ese mundo, en ese entorno, donde había necesidad de estar agrupado para subsistir,  hace mucho tiempo atrás al comienzo de la humanidad.


Sin dudas que es mejor estar en un grupo, sea político, religioso, filosófico  o para jugar carta.  Es una manera de ser social, de ser gregario. En nuestros días, en el mundo de la comunicación el hombre se aísla cada vez más, no obstante, trata de salvarse y, en consecuencia, trata de agruparse. No quiere estar solo y busca refugio en Internet y se mete en los chats, para comunicarse, pero, al mismo tiempo con su celular en la mano envía mensajes, está desesperado, tiene angustias,  miedos vivénciales, su corazón palpita aceleradamente, tiene la tensión alta  y el colesterol y los triglicéridos altos… está estresado, se siente en una soledad muy grande... trata de  hacer amigos, no importa que sean virtuales, que no existan, eso no tiene importancia, crea comunidades ficticias  para poder hablar de lo qué a él le gusta, porque su razón de existir siempre será   pertenecer a un grupo, ya que los que se aíslan son muy pocos, y para llegar ha esa búsqueda espiritual, hay que tener un gran deseo de estar solo… prefiero pertenecer a una comunidad y así poder comunicarme; trasmitir mis ideas y conocimientos, alegrías y tristezas...y escribir  estos textos, es una manera de comunicarme con mis semejantes.

   




Autor: Esteban  Castillo   

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