En la actualidad en muchos países puede observarse un aumento de la tasa de los indicadores de salud mental, la misma puede atribuirse a distintas causas de origen producto de factores biológicos, genéticos o ambientales, pero obviamente el aspecto psicosocial y nuestra relación con el entorno tienen una notoria influencia.


La autoestima es un aspecto de nuestra personalidad que es fundamental para una buena relación con nosotros mismos y por lo tanto para nuestra salud mental, en esta oportunidad decidimos analizar sus aspectos principales, su conformación y la relación del autoestima  con las relaciones con los demás y los aspectos sociales.          

La autoestima se construye desde la niñez, cuando somos niños y dependientes de los demás para vivir (familiares, cuidadores, etc), si bien somos aceptados incondicionalmente por ellos en situaciones normales, esta incondicionalidad es en parte, porque nuestras conductas o incluso nuestros gustos y tendencias son en algunas oportunidades corregidos en un proceso de aprendizaje familiar en el cual se construye nuestro aspecto formativo e ideal y los valores de nuestra conciencia. Si bien para una sana crianza esto es obviamente necesario, hay también dentro de ese proceso de crianza valoraciones personales de nuestros padres o entorno familiar y educacional que vienen acompañadas con ese aprendizaje y que producen en nosotros la necesidad de asimilación de los mismos con el objeto de ser  aceptados por los demás, de esta forma los introyectamos como parte de nuestra personalidad, sin quizás constituir una necesidad real para nuestro futuro o para nuestras aspiraciones y sean incompatibles con nuestras tendencias derivadas de nuestro temperamento.

Esto significa que para lograr aceptación  y recibir el afecto que necesitamos asimilamos a nuestra personalidad valores o información que en realidad pueden estar o no en relación a nuestras necesidades y/o posibilidades de realización internas futuras, pueden también estar o no acorde con nuestras capacidades e incluso con nuestros gustos futuros y por lo tanto, debido a esa incongruencia, pueden generarnos estados afectivos negativos, exigencias internas innecesarias, frustración o dolor y derivar en que tengamos una imagen de nosotros mismos carente de una estima alta - Esto va a depender del grado de amplitud, flexibilidad y exigencia de nuestros familiares en nuestra crianza y de la fuerza con que esa información incongruente con nosotros mismos nos sea impartida.

Este proceso no es que sea algo consciente, se trata de percepciones o creencias que vamos asumiendo como resultado de las relaciones interpersonales iniciales y dentro del proceso de conformación y desarrollo de nuestra personalidad, con el entendimiento y conciencia de un niño que tiene su aspecto cognitivo y racional insipiente. No es que nos comuniquen expresamente “sino haces las cosas como te decimos no te damos afecto” y que nosotros decidamos concientemente, se trata del resultado que dejan en nuestra personalidad las experiencias de aprendizaje en relación con nuestras necesidades de afecto y el conocimiento limitado que como niños tenemos.    

Cabe señalar que en todas las etapas de la vida y cuando somos adultos esto se mantiene a pesar de que nuestra personalidad desarrollada va adquiriendo mas solides y que nuestra autopercepción de nosotros mismos se va haciéndose mas independiente. Esto puede observarse no solo a nivel de las relaciones personales, por ejemplo, en las relaciones profesionales muchas veces se deben asumir valores, conductas y hasta estereotipos propios de una actividad que pueden no ser acordes con nuestro modo de sentir y por lo tanto generar un sin numero de efectos en nuestra estima personal y expectativas al respecto de nosotros mismos, pudiéndose generar angustia, impotencia y frustración por esa incongruencia entre lo externo y lo interno. Siendo también este proceso de carácter inconsciente, es posible que no se pueda tener presente con claridad en la conciencia el origen de esa incongruencia, haciendo que esos sentimientos negativos se presenten como síntomas o evolucionen en un desequilibrio psicológico que atente contra la estabilidad de nuestra personalidad. 

A nivel social y cultural también existen factores psicosociales que se transforman en condiciones impuestas para pertenecer o no pertenecer y para ser aceptados, que están relacionados a la adquisición de ciertos productos, modas, conductas, estilos de vida, aspecto personal o físico, modos expresivos, rasgos de personalidad, etc y estas exigencias también - Por el mismo efecto - Pueden generar insatisfacción respecto a nosotros mismos y una autoestima debilitada si nuestra personalidad no esta bien cimentada o carece de seguridad. Tengamos en cuenta la cantidad de casos de trastornos de la alimentación que tienen su origen en factores relacionados a una autoestima baja producida en primera instancia por no tener el tipo de físico para el cual las marcas de ropa producen sus modelos de moda.   

Desde que nacemos el hecho de recibir afecto de nuestra madre se constituye para nosotros en la primer percepción de valoración positiva y aceptación que otros tienen de nosotros y es un factor fundamental para nuestra valoración personal futura y para la fortaleza de nuestra personalidad. Si desde la primera infancia junto con la satisfacción de nuestras necesidades básicas y de seguridad son también satisfechas nuestras necesidades de afecto y valoración positiva, posteriormente no es necesario que estas ultimas sean satisfechas de manera constante, como lo indica Nashlow en su teoría de la jerarquía de las necesidades. Mientras que la carencia de afecto produce un desequilibrio que influye en la relación con los demás y con nosotros mismos que puede fijarnos a una búsqueda desequilibrada o patológica del mismo, siendo el simiente de una debilidad psicológica que derive en una estima débil que nos haga excesivamente vulnerables a las valoraciones de los demás y a las influencias externas de nuestro entorno personal y social.

Concluimos por lo tanto que nuestra valoración por parte de los demás en la niñez es el pilar para una autovaloración positiva posterior por parte de nosotros mismos, pero aun así, nuestra autoestima siempre va a estar expuesta a factores externos y se requiere de objetividad, introspección , autoanálisis y desarrollo del equilibrio psicológico para poder conocerse, sin la influencia nociva de valores o imágenes introyectadas que deriven en una   percepción negativa de nosotros mismos y que altere nuestro equilibrio psicológico.            

Bibliografía leída para abordar los temas de todos los documentos

Teorías de la personalidad – Jess y Gregory j Feist
Los Complejos y el Inconsciente - Carl Gustav Jung
El Hombre Y Sus Símbolos - Carl Gustav Jung
Formaciones De Lo Inconsciente - Carl Gustav Jung
Psicopatológica y semiológia psiquiatrica – Ricardo Capponi
Teorías del aprendizaje – Pablo Cazau
Manual de psiquiatría – Dr, Juan C Betta
¿Qué es la personalidad? Gordon Allport
Trastornos de personalidad – Prof Dr Nestor Koldovsky
Punto crucial – Fritjof Kappra
El arte de amar – Erich Fromm
Salud mental infanto juvenil – Ovidia Rodríguez Méndez
La trampa de los manipuladores – Gloria Husmann, Graciela Chiale
Manual de psicoterapia cognitiva - Juan José Ruiz Sánchez y Justo José Cano Sánchez



Autor : Christian Chaler
Buenos Aires Argentina
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Extraído de: http://www.cchaler.org/personalidad/

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