Psicología General

Muchas veces nos vemos encallados entre el deseo de que las cosas cambien automáticamente y nuestra incapacidad para que nosotros produzcamos un cambio, como tratando de convencernos a nosotros mismos de que algo que nos supone malestar emocional, racionalmente nos va a hacer bien.

La fragmentación social actual de los lazos sociales fomenta un sentimiento de soledad que limita nuestras vidas, no estamos solos, sino que nos sentimos solos.

La estabilidad, esa en la que invertimos tantos minutos de nuestro tiempo anhelando y suspirando… no es más que una construcción social, una invención tentadora con la que nos dejamos seducir cada vez que damos rienda suelta a la imaginación.

Esta actividad mental se convierte en una rutina peligrosa, al fin y al cabo, se trata de una “invención” y no existe sino en nuestro imaginario (individual y colectivo) ¿Somos conscientes entonces del riesgo al cual sometemos nuestra integridad emocional una vez que hacemos depender nuestra felicidad de un estado aparentemente inalcanzable?

Recuerdo que hace algún tiempo, fui con mis padres a la residencia en la que estaba mi abuela. Ese día, por casualidad, conocimos a un matrimonio muy mayor (ella tenía 91 y él 93). El hombre estaba, aparentemente, bastante en forma a pesar de la avanzada edad, ella en cambio, tenía serias dificultades para caminar y necesitaba utilizar una silla de ruedas para desplazarse.

Las aplicaciones de mensajería instantánea han revolucionado la comunicación entre las personas y su auge ha alcanzado tal punto y con tal rapidez, que se ha adelantado a nuestra capacidad para determinar su buen uso.

Existen multitud de aplicaciones que nos permiten la mensajería instantánea, pero la que mayor éxito cosecha a nivel actual es Whatsapp, llegando incluso a haberse verbalizado su nombre con la palabra Guasapear o Whastappear.

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