En el presente artículo detallamos un programa de intervención psicológica grupal, con pacientes atendidos en la Unidad del Dolor del Hospital Universitario de Getafe que sufren diferentes patologías asociadas a dolor crónico. Surge a partir de la colaboración entre los Servicios de Salud Mental, Unidad del Dolor y Rehabilitación. Su objetivo es proporcionar estrategias de afrontamiento a los pacientes ante los sentimientos y pensamientos negativos relacionados con el dolor, además de promover una posición como agentes activos frente a la enfermedad.

La aceptación del dolor comienza a erigirse como un factor influyente en la habilidad para restaurar el funcionamiento cotidiano en presencia de dolor crónico. El Chronic Pain Acceptance Questionnaire (CPAQ) es, hasta la fecha, el único instrumento utilizado para evaluar la aceptación del dolor en personas con dolor crónico, y la versión de 20 ítems revisada por McCracken y colaboradores (2004) apoyó en distintos estudios sus propiedades psicométricas. Sin embargo, el instrumento nunca ha sido aplicado en nuestro país en personas con diagnóstico de fibromialgia. Con el objetivo de iniciar el proceso de adaptación del CPAQ en nuestro país, hemos trabajado con una muestra de 145 personas con diagnóstico de fibromialgia. Los resultados informaron que un instrumento formado por 15 ítems organizados en un modelo de dos factores es el que mejor se ajusta a los datos. Un segundo objetivo fue examinar las relaciones entre la aceptación del dolor aportada por el CPAQ y otros indicadores de ajuste al dolor. Los análisis de regresión mostraron relaciones fuertes con variables criterio tales como intensidad del dolor, ansiedad, depresión, etc., siendo la subescala implicación en las actividades la que más contribuyó en la predicción.

El sistema nervioso autónomo, o vegetativo, rige sobre todo las funciones involuntarias del cuerpo. Se divide en simpático y parasimpático: el simpático usa noradrenalina como neurotransmisor, regula funciones que exigen gasto de energía y prepara al cuerpo para reaccionar al estrés. El parasimpático usa acetilcolina y se encarga de almacenar y conservar la energía; rige las funciones involuntarias en condiciones normales y, una vez pasado el estrés, coordina funciones opuestas a las del simpático. La disfunción o lesión del sistema nervioso autónomo puede producir dolor neuropático.

El dolor es un síntoma de alta prevalencia. Así un reciente estudio realizado por la Sociedad Española del Dolor (SED) pone de manifiesto que, uno de cada tres españoles (30,1%) había sufrido el día anterior a la encuesta, algún tipo de dolor, siendo las mujeres las más afectadas, con un 37,6% de respuestas afirmativas, frente a 21,1% de los hombres. Datos prácticamente coincidentes con los que aporta un estudio sobre el dolor en la práctica diaria del médico de Atención Primaria, realizado por el Gabinete de Estudios Sociológicos Bernard Krief1 , según el cuál, más de la mitad de la población (54,9%) ha padecido algún tipo de dolor en un periodo de dos meses.

Las alteraciones psiquiátricas sólo pueden entenderse a partir de una génesis multifactorial. En la depresión intervienen factores biológicos (neurotransmisores cerebrales) y factores psicosociales. Nuestras vivencias infantiles interactúan con nuestro patrimonio genético. La salud mental es un fenotipo complejo influenciado por ambos tipos de factores.

Una línea importante de investigación es la relacionada con nuestra vida emocional. A los enfoques psicodinámicos se han agregado actualmente los enfoques neurobiológicos. Estos han estudiado las modificaciones bioquímicas causadas por el estrés. El hipocampo es una estructura primordial para los procesos de aprendizaje y de memoria que puede ser afectada por la emoción y el estrés. En ese sitio hay una gran concentración de receptores a los glucocorticoides (las hormonas del estrés) , por lo que se le considera una pieza clave para integrar la respuesta cognitiva, neuro-hormonal y neuroquímica a la emoción y el estrés. Esta disfunción hipocámpica se traduce al mismo tiempo por una serie de alteraciones de la memoria. Los glucocorticoides generados por el estrés prolongado o sólo pueden reducir el volumen hipocampal sino que también afectan la modulación de la expresión genética, la inmunidad, la reproducción y la formación ósea. Las modernas técnicas de la imagenología han descrito alteraciones en esta estructura neuroanat
ómica en pacientes con experiencias traumáticas infantiles o sometidos a experiencias estresantes en la edad adulta (por ejemplo, en combate).

La respuesta cerebral al estrés se relaciona íntimamente con el sistema inmunológico. La intercomunicación entre los sistemas nervioso e inmunológico se realiza no sólo por los neurotransmisores generados en el cerebro y las hormonas producidas por el sistema endócrino, sino también por células que regulan la respuesta inmune, como las citocinas, cuya acción sobre el cerebro y la conducta es un tema de investigación actual.

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