Las observaciones etológicas actuales indican que las conductas cooperativas desempeñan un papel adaptativo. En humanos, las situaciones competitivas han sido mayoritariamente investigadas en varones, aunque en escasas ocasiones se ha estudiado la cooperación. Se pretende analizar la respuesta psicológica y del cortisol a una situación cooperativa, en comparación con una competitiva en el laboratorio en mujeres. Se establecieron cuatro grupos en función de la tarea y su resultado: cooperación positiva, cooperación negativa, competición con victoria y competición con derrota. La cooperación produce efectos diferentes en cortisol que la competición, pero no en las variables psicológicas, aunque estos efectos únicamente se producen cuando se considera el resultado y su atribución. Solo las participantes que cooperaron y fueron evaluadas positivamente y las que compitieron y perdieron mostraron descensos signi fi cativos de cortisol. La atribución interna se asocia a niveles de cortisol más estables, sugiriendo un efecto modulador de la controlabilidad en la vivencia de la situación. Estos resultados podrían hacerse extensibles a situaciones en las que la negociación, la mediación y las estrategias cooperativas son relevantes para la toma de decisiones y/o resolución de conflictos.

Las personas juzgamos los objetos de nuestro entorno en términos evaluativos (bueno-malo); pero algunas están más motivadas que otras para hacerlo. La Necesidad de Evaluación (NE) se refiere a estas diferencias individuales. Para su medición, Jarvis y Petty desarrollaron el test de Necesidad de  Evaluación. El objetivo de la presente investigación ha sido adaptar al castellano este test y examinar su fiabilidad y validez. En el primer estudio se comprobó que la adaptación del test mostraba una buena consistencia interna y una adecuada validez factorial. En el estudio 2 se analizó la fiabilidad  temporal y la validez discriminante del test, encontrándose que la NE correlacionó moderadamente con la Necesidad de Cognición y la Necesidad de Cierre y no mostró una relación significativa con la Deseabilidad Social.

El presente artículo, tiene como propósito iniciar la aportación de voces autorizadas en la psicología de emergencias para el enriquecimiento mutuo y el desarrollo “proporcionado” de esta especialidad incipiente de la psicología. Para ello, planteamos el debate sobre la necesidad real de la participación de psicólogos en situaciones de crisis. Partiendo de la evolución histórica de la especialidad hasta nuestros días, pasamos a revisar las definiciones más extendidas de crisis. Se exponen también los principios básicos de los Primeros Auxilios Psicológicos (PAP), junto con ciertas recomendaciones y aspectos a tener en cuenta en cualquier intervención en crisis. Finalmente, aportamos una serie de datos que avalan la conveniencia de la participación de los psicólogos en situaciones de crisis de una  manera no indiscriminada.

El suicidio representa un grave problema de salud pública con alrededor de un millón de muertes anuales en todo el mundo o, dicho de otra manera, cada año se suicidan 14,5 personas de cada 100 000 . Además, sus repercusiones en el entorno son muy importantes, ya que las vidas de los allegados se ven profundamente afectadas a nivel emocional, social y económico. En este sentido, los costes económicos asociados al suicidio se han estimado en EE.UU. en unos 25 000 millones de dólares anuales, entre gastos directos e indirectos.

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