El acceso a las terapias psicológicas para las personas que presentan los problemas de salud mental comunes en el Reino Unido ha tendido a ser pobre y limitado por la calidad de los servicios locales. En especial, este es el caso de las personas que acuden al médico de familia en Atención Primaria, el cual históricamente ha tenido que hacer la inaceptable elección de hacer uso sólo de la medicación o bien de derivar el caso para una intervención psicológica; pero con la condición de largos plazos de espera que, con frecuencia, exceden a los 12 meses.


Los recientes progresos en el desarrollo de directrices clínicas basadas en datos, en el Reino Unido, ha significado que las terapias psicológicas han sido recomendadas por ser a la vez altamente efectivas, relativamente seguras y económicamente viables, para un amplio rango de problemas comunes de salud mental; especialmente ansiedad y depresión. Al mismo tiempo, ha sido ampliamente apreciado por los significativos costes para las personas y para la sociedad, en cuanto a las adversas circunstancias que tiene una pobre salud mental sobre el bienestar, la capacidad de trabajo y el impacto económico, tanto para el sistema de salud en general como especialmente para el erario público, en forma de prestaciones y pagos por incapacidad.

Este artículo describe el fundamento teórico subyacente y la puesta en práctica del programa nacional de inversión gubernamental, Mejorando el Acceso a Terapias Psicológicas (Improving Access to Psychological Therapies) en Inglaterra, para ofrecer la elección de terapias psicológicas basadas en datos, con buenos recursos, a aquellas personas que experimentan problemas de salud mental comunes en atención primaria, y generalmente para apoyar su recuperación y funcionamiento en el trabajo y en la sociedad.

El objetivo de esta técnica se centra en conseguir que se produzca habituación ante los estímulos que anteceden a la conducta juego y por tanto la extinción de la misma, favoreciendo que la persona haga algo distinto en las situaciones que venían desencadenando sus conductas de juego.

Si el lector examina manuales de tratamiento mediante AIE, verá una sección que relaciona posibles autoafirmaciones que pueden decirse a si mismos los pacientes estresados mientras se preparan para un estresor, cuando se enfrentan a un acontecimiento estresante y lo abordan, cuando se sienten abrumados a causa del estrés y, finalmente, cuando reflexionan sobre sus esfuerzos de afrontamiento. Estas cuatro fases corresponden a las diversas etapas ofrecidas en el proceso de reconceptualización. ¿Cuál es la función de tales autoafirmaciones y cómo prepara el terapeuta a los pacientes y recaba su cooperación en el uso de las mismas?

No sólo nos trastorna lo que nos ocurre, los acontecimientos que nos suceden a lo largo de la vida, sino nuestra forma de percibirlos y de “interpretarlos”. Nuestra actitud general a la hora de afrontar un acontecimiento es importante para comprender por qué persiste la reacción negativa.

Estamos sometidos a las leyes de la sociedad en la que vivimos. Aprendemos de nuestro entorno (familia y sociedad) qué está bien y qué está mal, qué se debe pensar de algo y qué no. Ante la adversidad, nuestra capacidad de adaptación está bajo la influencia de todos estos factores, a los que se suma un factor biológico inherente a nosotros mismos, que heredamos sin duda el día en que nacimos.

La llegada de la llamada tercera ola de la modificación de conducta, después de la llamada revolución cognitiva, ha surgido con la aparición de una serie de terapias experienciales y contextuales, como son la Terapia Dialéctico Conductual (DBT; de Linehan, 1993), la Psicoterapia Analítica Funcional (FAP; Kohlenberg y Tsai, 1991), la Terapia de pareja integradora (IBCT; Jacobson, Christensen, Prince, Cordova, y Eldridge, 2000), y la Mindfulness-Based Cognitive Therapy (MBCT; Segal, Williams, y Teasdale, 2002), entre algunas otras. Tienen en común haberse introducido en campos que hasta ahora estaban tratados por terapias más alejadas de un planteamiento básicamente empírico y enfatizan elementos como la aceptación, la conciencia plena, la desactivación cognitiva, la dialéctica, los valores, la espiritualidad y las relaciones, (Hayes, 2004). La terapia de aceptación y compromiso (Hayes, Strosahl, y Wilson, 1999; Wilson y Luciano, 2002) se ha desarrollado desde esta perspectiva y es un marco muy potente para realizar cualquier proceso psicoterapéutico.

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