Multimedia

Científico, investigador y escrutador de pacientes, Boris Cyrulnik defiende a ultranza el valor de la desdicha y de la desgracia. Podría haberle influido su pasado de superviviente en Auschwitz y el exterminio de sus familiares en el campo de concentración, pero las conclusiones de su teoría (y de su práctica) provienen de haber encontrado en el antídoto del afecto la clave que mejor mide y condiciona el comportamiento humano. Es una manera de relativizar la importancia de la herencia genética -aunque tenga su influjo- y de comprender nuestro cerebro como una materia sensible a la modelación exterior. No sólo en los periodos cruciales (niñez y adolescencia). También cuando desembocamos en la vejez, se apagan los sentidos y «jugamos al ajedrez con las últimas piezas del tablero».



↓↓↓↓↓Descargar↓↓↓↓↓