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De niños volamos con la imaginación, pero en la medida que crecemos tenemos problemas para aterrizar, y dejamos de volar. Y cambiamos la imaginación por la lógica, y nos hacemos serios y sensatos. Demasiado serios, y tal vez con ello demasiado infelices. Ya lo decía Kant: “La felicidad no es un ideal de la razón, sino de la imaginación”. Y Ernesto Sabato añadiría: “Yo creo que la verdad es perfecta para las matemáticas, la química, la filosofía, pero no para la vida. En la vida, la ilusión, la imaginación, el deseo, la esperanza cuentan más”.
¿Y si volviéramos a volar? Dicen que lo aprendído de niño no se olvida, ¿sería posible volver a creer y a soñar? ¿sería posible recuperar aquella ilusión y aquella felicidad?



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