¿Qué es el síndrome postvacacional?

Bueno, el llamado síndrome postvacional es en realidad un temblor que acontece siempre en el humano frente a los finales y frente a los comienzos; final que siempre nos recuerda nuestro propio final, nuestra propia mortalidad, algo que si se acepta permite construir, cambiar, acceder con trabajo a todas las posibilidades humanas, escribir, cantar, dibujar; y comienzo porque todo final remite siempre a un comienzo, que abre la puerta de lo desconocido, de la incertidumbre. Antes de cualquier hacer sentimos siempre angustia, por eso que no se trata de acabar con la angustia, algo que además es imposible, sino de aprender a tolerarla, a no quedarnos fijados en ella; la angustia es estructural a todo comienzo, y comenzar es algo que hacemos cada vez, cada día de trabajo es uno nuevo, cada entrevista es una nueva. No existe lo ya hecho, lo ya aprendido, lo ya vivido, cada vez es un salto a lo no sido, un vértigo inicial. La vuelta al trabajo no es en realidad una vuelta sino un comienzo y eso, como estamos viendo, produce siempre un cierto malestar, una angustia; aprender a tolerar esa angustia que todo comienzo implica es seguir caminando, dejar que nuestros pasos nos lleven sin querer saber antes y sin pensar en los resultados.

¿Cuánto puede durar?

Segundos, lo que dura el primer momento de empezar a hacer, más allá de eso ya es otra cosa, ya es un sufrimiento de más; podría ser una neuroastenia que cursa con un cansancio excesivo y permanente antes de comenzar a trabajar, lo que se conoce como astenia matinal; una neurosis de angustia o trastorno de ansiedad, si aparecen taquicardias y espera angustiosa; una depresión, si la persona no puede dormir, sufre pérdida de interés, padece sentimientos profundamente negativos hacia si misma. Debemos recordar que en vacaciones los procesos depresivos se ven muchas veces intensificados porque la persona queda desamarrada de todas las cadenas humanas que lo sujetan, amigos, compañeros de trabajo, etc y además existe una tendencia a confundir veranear con no hacer nada, cuando el no hacer es algo imposible para el psiquismo, como también lo es para el cuerpo (el corazón nunca se detiene y si lo hace morimos), cuando no hacemos entonces fantaseamos y este fantasear deprime, porque nos aleja del mundo y nos sumerge en el abismo del yo. Cada vez que sentimos que algo no podemos hacerlo es porque queremos hacerlo solos, fuera de la comunidad humana, sin ayuda, sin otros, y eso además de no ser posible trae consecuencias nefastas para la economía psíquica.

¿Qué nos recomienda hacer?

Precisamente eso, hacer, permitir que las cosas sucedan, aprender a sumar nuevas formas de goce, algo que no solemos tolerar muy bien; sujetarnos al trabajo diario, porque no hay nada que pueda hacerse sin trabajo y éste representa además, contrariamente a lo que solemos pensar, la mayor fuente de felicidad para el humano al ser la alternativa vital que más fuertemente nos liga a lo social. La mayoría de la personas sólo trabaja bajo el imperio de la necesidad, así se dice: “trabajo para pagar la hipoteca”. Sin embargo en este decir se desprecia los enormes beneficios psíquicos del trabajo que permite sublimar energía, de carácter agresivo y erótico, al servicio de la producción de hechos sociales, como es un escrito, un escultura , una entrevista. Trabajar es estar en la cultura, o dicho de otra forma, todo trabajador es una persona culta, independientemente del tipo de trabajo que realice, porque cultura es todo aquello que hacemos entre otros y para otros.


Ángela Gallego. Psicóloga Psicoanalista.

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