Rosalba se queja de su hijo de 10 años, acaban de decirle que no se lo aguantan en el colegio, pero afirma: ¡La verdad, es que yo tampoco me lo aguanto en casa, es insoportable, yo no se si es que no entiende o lo hace de maldad!

Martín está en 3°, cuando está juicioso pone atención y algo aprende, pero eso le dura unos pocos minutos, porque se para, le quita o le raya los cuadernos a los otros niños, rompe los lápices, se tira al piso, camina por todo el salón, habla solo o produce ruidos, se sale a andar por todo el colegio.

No pasa al tablero, no participa en clase adecuadamente, habla de cosas que no tienen que ver con el tema. A veces copia lo que están dictando o del tablero, pero normalmente no acaba, se distrae, cambia las letras o las palabras. A veces la letra es ininteligible. Para que haga algo bien, tiene que estar alguien a su lado, motivándolo a concentrarse y orientándolo. Su rendimiento académico es bastante deficiente.

En casa agrede a sus hermanos, interrumpe intempestivamente cualquier actividad de los otros, daña cualquier cosa, brinca todo el tiempo y no mide peligros. Cuando se le castiga fuertemente dura un rato calmado, pero después se le olvida.

El caso de Fredy, de 10 años, en 4° grado, no es tan grave, porque aunque su rendimiento es muy bajo, con refuerzos y ayuda supera las dificultades de manera aceptable. Sin embargo, tiene que estar moviendo el cuerpo o las manos, es muy desobediente, rebelde, bulloso, insoportable. No vale hablar a las buenas, tampoco los pactos, los premios ni los castigos.

Estos niños tienen indicios típicos de hiperactividad, la cual es un trastorno caracterizado porque el niño no tiene autocontrol de sus movimientos, el cuerpo necesita estar moviéndose, esto hace que tengan dificultades para centrar la atención y sostenerla por un tiempo.

El origen puede ser en una lesión cerebral que compromete no solo la zona de la corteza cerebral donde se asienta la función motora, sino que probablemente la emocional lo cual explicaría su conducta impulsiva, agresiva y la rebeldía.

Es probable que también tenga afectadas otras zonas cerebrales encargadas de la atención, memoria, lenguaje y la función ejecutiva, la cual se encarga de la capacidad de planear, organizarse y cumplir sus propósitos.

Indiscutiblemente estos niños necesitan ser valorados por un psicólogo, quien aplicará unas pruebas básicas. Con los resultados se puede remitir al neurólogo que sea pediatra.

El tratamiento probablemente conste de medicinas ordenadas y controladas por el neuropediatra, terapias con psicólogo, psicopedagogo, fisioterapeuta, y para obtener comprensión y apoyo, terapias familiares y algunas instrucciones para los docentes. (En las facultades de psicología de universidades, puede recibir ayuda).
 

 
Autora:  Alba Lucía Castro
Orientadora familiar, mgtr desarrollo educativo y social, psicorientadora 

↓↓↓↓↓Descargar↓↓↓↓↓