Tanto anteriormente en el tiempo, como en la actualidad es extraño relacionar un trastorno de depresión con la infancia, parece contradictorio relacionar a un niño con la depresión. Por eso durante mucho tiempo los expertos en psicopatología infantil negaron la existencia de la misma. En 1975 el National Institute of Mental Health (NIMH) en USA acordó reconocer la existencia de la depresión infantil, y además dio una serie de sugerencias para orientar a investigadores en su tarea de búsqueda en este campo.
 

Spitz y Bowlby, de orientación teórica dinámica, fueron los pioneros en los estudios sobre depresión infantil. Spitz realizó un estudio con niños de un hospicio, donde él trabajaba, y comprobó que algunos niños al separarse de sus madres, presentaban una conducta muy característica, con una primera fase de protesta, llanto y gritos, una segunda fase de apatía, disminución del apetito, desinterés por las cosas y disminución de la comunicación, y finalmente una fase donde el niño dejaba de tener contacto con su entorno. Obtuvo estos datos mediante una observación directa de la conducta infantil.

Más tarde es Bowlby quien corrobora estos datos, haciendo mayor hincapié en el vínculo afectivo o apego.

Otros muchos autores (Ackerson, Siegelman & Boyle, Achenbach y Edelbrock, Seligman…) de otras corrientes teóricas, investigaron más y encontraron los mismos datos, hasta llegar en 1980 a la inclusión de este trastorno en el DSM-III. Fue en este manual donde se admitió la existencia de la depresión infantil y la posibilidad de diagnosticarla con los mismos criterios que la depresión adulta.

Es importante comentar que no existe un acuerdo unánime sobre la definición del concepto por parte de los diferentes autores e igualmente es conveniente saber a qué nos referimos cuando se habla de depresión infantil.

Al hablar de depresión algunos autores no terminan de distinguir entre los síntomas y el síndrome depresivo. No siempre se debe considerar como patológicas las variaciones de humor que acontecen en el niño. Hay estados de tristeza y sentimientos acompañados de abatimiento y culpa que pueden ser reacciones vivenciales normales a un factor externo adverso.

Por ejemplo, la depresión ha sido definida de diversas maneras en función de la corriente teórica en la que se inserta cada autor. Lewinson, de orientación conductista, define la depresión como un “síndrome constituido por diversas conductas anómalas en los ámbitos emocional, social y psíquico”. Para este autor, una gran parte del síndrome depresivo puede explicarse en base a la baja tasa de refuerzo positivo contingente a la respuesta emitida, al empobrecimiento del repertorio de habilidades sociales y a una disminución de los refuerzos de tipo social.

Por otra parte, Beck, cognitivista, define la depresión como “un estado anormal del organismo que se manifiesta a través de señales y síntomas, como un estado de ánimo subjetivo bajo, actitudes pesimistas y nihilistas, una pérdida de la espontaneidad y señales vegetativas específicas”. Para Beck lo más característico del trastorno depresivo es lo que denomina la triada cognitiva: visión negativa sobre uno mismo, visión negativa de su entorno y visión negativa acerca del futuro.

En el DSM-IV-TR la depresión infantil se reconoce como un grupo de trastornos cuyos síntomas fundamentales son similares a los que se observan en la depresión del adulto. En el DSM también se afirma que diferentes formas de depresión, como la depresión mayor, el trastorno distímico y la depresión atípica pueden afectar al niño. Las características básicas de la depresión en los niños son un estado de ánimo triste o irritable, una pérdida persistente del interés o de la capacidad de disfrute por las actividades favoritas, alteraciones de carácter fisiológico como modificaciones en el apetito y en el peso, alteración de los patrones del sueño, alteraciones psicomotoras, fatiga, disminución de la capacidad del razonamiento y de concentración, sentimientos e inutilidad o culpa, y preocupación suicida.

Además en el DSM también se recogen las características específicas del desarrollo en la depresión que afecta a los niños, como las dificultades escolares, el rechazo al colegio, el negativismo, la agresividad y el comportamiento antisocial.

Una buena definición de depresión infantil, incluiría todos los síntomas que es posible que aparezcan, pero sería demasiado extensa, con lo que se podría resumir en: La Depresión Infantil es un trastorno emocional que se caracteriza, en primer lugar, por ciertas vivencias subjetivas como los sentimientos de tristeza y anhedonia y, en segundo lugar, ciertas conductas observables como apatía, trastornos somáticos y cansancio que impide al niño que la padece disfrutar de las cosas e, incluso, puede llevar a retrasar el desarrollo evolutivo o al suicidio, en los casos más graves.

Si se tuviese que responder a la pregunta de ¿cuáles son las causas o qué es lo que influye en la aparición de la depresión infantil?, surgiría un problema, y es que es imposible responder con una simple respuesta a esta pregunta.

Las causas de la depresión son múltiples y se pueden combinar de forma distinta para cada caso clínico. El origen de cualquier enfermedad son una serie de factores de riesgo que no suelen actuar por separado, sino que se superponen. Además cuantos más factores estén afectando a un individuo, más nocivo será su efecto.

Existe una larga lista de factores desencadenantes que se pueden agrupar en función de distintos criterios, por ejemplo los que se refieren principalmente al sujeto y los que se refieren al entorno. Aunque ambos interactúan en todo momento.



Extraído de: http://medicablogs.diariomedico.com/reflepsiones/2009/03/12/la-depresion-en-la-infancia/

 

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