“Siento el dolor profundo de tu partida, y lloro sin que tu sepas
que el llanto mío, tiene lágrimas negras…”

Miguel Matamoros

Cuando una relación amorosa termina, y uno permanece enamorado siente como si  el mundo se le hiciera trizas frente a sus ojos. No queda lugar sino para el llanto, y no hay más momento que para la pena. Lo que sigue es un estado que va de la ansiedad al estupor y de la tristeza a la depresión. Grandes tragedias han sido reportadas y noveladas desde Romeo y Julieta, Tristan e Isolda o Calixto y Melibea. Cuando se trunca imprevistamente, para uno, la relación y no hay en lo venidero la consumación erótica, la fusión continuada del goce amoroso y solo se avizora en el horizonte la muerte es que estamos frente a un hecho totalmente perturbante.
Esta situación, por lo demás, natural y normal en las relaciones de pareja se ha dado en llamar el desamor. El período en el cual la persona está huérfana y solitaria y su alma pareciera que vaga sin rumbo. Se conoce este estado como el de parálisis psicológica, desorientación y vacío. La persona no puede, en el común de los casos, enfrentarlo sola, pues no sabe que hacer. La afectación guarda proporción con la intensidad de la historia del compromiso existente. Cuando se trata de relaciones largas, donde la sensación de bienestar y satisfacción afectiva y sexual ha sido plena, el dolor es mayor que cuando ha sido una relación de poca satisfacción y momentos gratos entre los amantes. El dolor alcanza su clímax en las parejas donde una idealizó al otro, hasta ponerla en la situación que nunca ocurriría un rompimiento, que consideraba esa situación como imposible.

La confusión y los vaivenes emocionales  de esta etapa pueden llevar a las personas a la tragedia del suicidio, el asesinato en una proporción mínima, la gran y basta mayoría de humanos aguantan su dolor hasta que este pase, sin embargo las secuelas de la ruptura pueden mantenerse por años. Muchas personas reaccionan tratando de hacer una relación nueva de inmediato, entregándose a algún candidato(a) de la historia o recién aparecido(a), situación de la que después se arrepienten. Generalmente la inmovilidad emocional, la imposibilidad de pensar en una alternativa de nueva pareja es lo más frecuente. Los problemas con los que tiene que lidiar el desenamorado es vencer la tentación de las trasgresiones sexuales, caer en los excesos del alcohol o las drogas, investigar el pasado de la persona en búsqueda de explicaciones por su abandono. En este trance lo más emocionalmente saludable es la aceptación de la ruptura, el procesamiento del rompimiento del vínculo y la expresión catártica de los sentimientos reprimidos. Es muy necesario que la persona hable en voz alta su frustración, su desengaño y descargue simbólicamente, su enfado contra la persona causante de su desamor. Para esto existen técnicas muy precisas. El que la persona haga todo este proceso, será un indicador para garantizarle desarrollar relaciones amorosas futuras sin temores al abandono. Por el contrario, La depresión, la represión de los sentimientos, el estado inane de la persona  hacen que el sistema inmunológico se debilite, llevando a la persona a la vulnerabilidad frente a las enfermedades. El aislamiento, los sentimientos de culpa, la ira contra la persona amada llegan a ser los sentimientos predominantes guante la etapa en la que se sufre la pérdida. La persona amada cambia de ser un ser maravilloso a ser lo más despreciable y ruin y si el desamor se ha producido por una infidelidad o por un cambio de pareja el dolor es aumentado, pues la persona siente que su masculinidad o feminidad están en una gran crisis.

Las heridas provocadas por el desamor, también se curan y la capacidad de sanación emocional pasa por la recuperación de la autoestima. Toda persona que ha sufrido un abandono amoroso, se cuestiona su “valor” como persona y se explica el hecho por una desvalorización que frecuentemente es expresada como “no valgo nada”, arrastrando con esto una pérdida de la autoestima. Siente que su ser ya no es objeto de un deseo amoroso. La persona debe seguir conectada a su problema emocional, hasta explicárselo racionalmente y asumirlo. Todos los abandonos se explican y los causantes de esto muchas veces en grandes proporciones son los propios abandonados. Hacer que asuman su parte de culpa en el abandono es muy útil para una recuperación plena. Instalarse en el dolor permanentemente es negativo y pernicioso, es preciso entender el dolor, explicarse y salir.

Muchas personas abusan de los fármacos antidepresivos, los tranquilizantes o los somnolépticos para iniciar su recuperación, sin embargo, para cerrar las heridas de amor se necesita algo más que mover la bioquímica cerebral: entenderse como persona y crecer sobre el abandono para restablecer la capacidad de amar y el sentimiento de ser pasible de ser amado(a).

El sentimiento de pérdida se acompaña de síntomas físicos como la pérdida del apetito, llantos incontrolados, insomnio, pensamiento obsesivo y recurrente con respecto a la persona amada, perdida de peso, en algunos casos aumentos de peso por ansia incontrolada de comer, gastritis, diarreas, caída de cabello, debilitamiento de las uñas etc.

Salir del desamor pasa por el proceso de aceptar la perdida, como un hecho natural de la convivencia humana. La aceptación supone también la reconstrucción de la autoestima lesionada. Generalmente una perdida acarrea un juicio negativo sobre si mismo, el sentirse “incapaz” de conservar un amor.

Superar la depresión es quizá el trance más difícil, pues el ánimo abatido necesita recobrarse a partir de asumir que la persona necesita recuperar su capacidad de volver a querer y sobre todo ser querido.

La perdida de confianza en el amor, es otro de los aspectos para ser trabajados. Para muchos esta pérdida de confianza se generaliza a todo el genero. Es frecuente escuchar. “ya no creo en las mujeres o los hombres” o “todos(as) son iguales”. Quienes nunca se rehabilitan en su posibilidad de amar, se quedan afectivamente congelados, tratando de contactarse solo físicamente con el sexo opuesto y muchas veces realizando venganzas en otros por la experiencia pasada.

Superar el desamor tiene como mejor aliado la asistencia profesional y dejar a los amigos y parientes al margen de esto, porque lo que pueden hacer es sólo complicar las cosas con disímiles recetas caseras.




Luis Echegaray,

PSICOLOGO
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