Introducción

El estudio de los trastornos psicosomáticos siempre ha planteado problemas de índole teórico-clínica, que han dado lugar a numerosos estudios y a controversias.

Podríamos definir este tipo de trastorno como la vivencia de los conflictos a través de diversas reacciones somáticas: úlceras, anorexias, cardiopatías, colitis, asma, insomnio, …

Es frecuente la atención en consulta de pacientes que han pasado por una gran cantidad de diagnósticos, exploraciones y tratamientos, sin obtener resultados satisfactorios post-tratamiento.

Cada vez son menos quienes se atreven a mantener una distancia insoslayable entre mente y cuerpo, entre el campo de las emociones y la repercusión que éstas ejercen sobre el organismo humano.

“Vd. no tiene nada, lo suyo es de los nervios”. Esta frase, tan escuchada en boca de facultativos, suele generar en sus destinatario una sensación de impotencia, de desconcierto; algunos se “resignan” y lo asumen como inevitable; otros, sobre todo si tienen los medios a su alcance, van peregrinando de especialista en especialista buscando una causa física concreta a la que poder atribuir sus dolencias y sufrimientos. Porque, lo que está fuera de toda duda, es que esa persona se queja de algo que realmente le está causando problemas, aunque ese algo no pueda ser detectado ni por radiografía, ni por scanner, ni por ningún otro medio tecnológico al uso.

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