Este artículo es para personas como tu, que están preocupadas acerca de su ira, y que han llegado a cansarse de las pérdidas emocionales y físicas que ésta les inflige. Es para aquellos que quieren menos ira en sus relaciones y buscan mejores modos de expresar necesidades y resolver problemas.

No se puede lograr el control de la ira sin aprender y practicar habilidades cruciales para salir adelante. Un cambio real en tu experiencia y expresión de ira sólo puede lograrse haciendo los ejercicios, probando las técnicas y practicando sus nuevas habilidades sobre una base cotidiana.

Existen determinados mitos acerca de la violencia de género que impiden que la intervención desde el punto de vista social y psicológico se produzca de forma eficaz sobre este problema. Estos mitos afectan tanto al entorno social de la víctima de las agresiones como a los distintos profesionales que podrían intervenir ante este problema. Me gustaría exponer algunos ejemplos de frases que se utilizan y que ejemplifican la creencia en estos mitos, que aparecen en un diálogo de “Hombres violentos, mujeres maltratadas” de Graciela Ferreira (1995).

Los seres humanos como todo organismo viviente, requiere consumir o usar “algo” para saciar sus necesidades, las cuales se presentan como “energía interior” que los induce a adoptar determinado comportamiento dirigido a apropiarse de ello.

Las necesidades humanas son abundantes y diversas, para simplificar su estudio se les representan como una pirámide, dividida en cinco estratos o niveles. Las necesidades más elementales, “las básicas”  se les posiciona en el nivel más bajo, la base de la figura, siendo su principal característica  el de ser imprescindibles para el sostenimiento de la vida. Entre estas se encuentran, por ejemplo: el apetito, la sed, el sueño, entre muchas otras.

En un segundo nivel, se  encuentra las “necesidades de seguridad”  cuya satisfacción tiene por objetivo asegurar la satisfacción futura de las necesidades básicas. Entre estas se encuentran la prevención, el resguardo, el ahorro, la propiedad, etc. La finalidad de su satisfacción es el de reducir la incertidumbre que supone el futuro.

Los efectos psicológicos de una violencia crónica en el contexto de la familia, donde la madre y los hijos sean las principales víctimas, son devastadores: miedo, ansiedad, fatiga, desordenes de estrés post traumáticos, así como la inestabilidad en el sueño y en la alimentación.

Investigaciones sobre las consecuencias de la violencia contra la mujer han revelado que la violación y violencia doméstica constituyen una causa significativa de discapacidad y muerte entre las mujeres en edad reproductiva.

1. Violencia
 
Los chicos agresivos sufren tanto o más que sus propias víctimas, afirman  especialistas.

Nueva York (The New York Times) - Los chicos violentos son considerados poderosos asesinos y sus víctimas frágiles muñeqitos. Y esto no siempre es así. Estudios recientes sugieren que los matones y sus víctimas sufren de lo mismo. Un chico que se encuentra en cualquiera de las dos puntas de la ecuación matón-víctima sufre de serios problemas emocionales, que incluyen depresión ansiedad y tendencias suicidas.

El estudio publicado por de British Medical Journal, el doctor Titakerttu Kaltiala-Heino, profesor de psiquiatría de la Universidad de Tempere, Finlandia, observó a 16.410 estudiantes finlandeses de entre 14 y 16 años. Alrededor de un tercio de los chicos que admitieron molestar a otros con frecuencia, también contaron que habían sufrido en el pasado el rol de víctimas. La mayoría de los niños se identificaron en el rol de matones, víctimas, o ambos roles, fueron varones.

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